viernes, 11 de abril de 2014

CARLOS TOMÉDES músico y cantor


En 1987 murió, don Carlos Tomedes, estampa del arte popular , último miembro tal vez de una generación de trovadores y juglares del criollismo bolivarense.  Carlos Tomedes le cantó a lo rural y se apegó a la realidad bucólica  de su ambiente con arpegio y lenguaje de romancero.

            Don Carlos Tomédes fallecido a los 94 años (1987), dejó prolongada su existencia en seis hijos legítimos y cuatro naturales reconocidos, aunque las malas lenguas aseveran que son más los frutos de sus andanzas por estos predios de Dios. Se fundan para lo dicho en lo bien parecido y cortejador que fue don Tomédes durante su más agitado tiempo de cantor. Incansable cantor de coplas, romances y corridos como Florentino, por el llano y por el río, sólo con su voz arreando becerros por esteros o en el timón de algún barco orinoqueño y más de las veces acompañado de arpa, cuatro y maraca, interviniendo en contrapunteos, en jolgorios de amigos o en fiesta de ricachones.
            Su vena de trovador parecía alimentarse de lejanos ancestros. Su padre Miguel Denti, el mismo padre del cuatrista Santamaría, era oriundo de Italia y director de aquella otrora famosa Banda Pública de Ciudad Bolívar cuyos componentes vestían de gala con uniformes importados de Florencia.
            Don Carlos Tomedes, cuando murió en febrero de 1987 tenía poco menos de la mitad de la edad de Ciudad Bolívar, y sin embargo, se le veía ya en su pulpería del barrio El Cambao o en su rancho de la vía Marhuanta, con una agilidad física y mental que desearían tener muchos jóvenes de hoy marcados por los cambios degradantes de la sociedad industrial.
            A través de su hijo Roy, músico y cantor como él, conocimos un buen día a don Carlos Tomédes y nos llamó curiosamente la atención que cada vez que le hacíamos alguna pregunta, nos respondía en ritmos y rimas de romance.
            Tomédes no solamente era músico y cantor sino un versificador excelente. Dotado de buena memoria y fluida imaginación que le permitían hilvanar cada respuesta con dejo de romance. Así debieron ser los poetas provenzales de la edad media, los trovadores que tanto contribuyeron a propagar las lenguas romances.
            El trovador se distinguía del juglar porque componía y cantaba sus propias canciones mientras que el juglar casi siempre cantaba las ajenas. Tomédes fue un auténtico trovador de Ciudad Bolívar y tal vez su vena tenga origen en los antiguos trovadores de Italia de donde era su padre. Quien haya leído un poco de historia, verá que el arte trovadoresco se origina  en Provenza (Francia) y de allí pasó primero a Italia que a cualquier otra parte de Europa. España se alimentó mucho de este arte que llegó a la América a través de las corrientes colonizadoras.
            Pues bien, don Carlos Tomédes, quien no tuvo (a lo mejor la tiene y no ha sido descubierta) una canción como Casta Paloma que lo hiciera trascender más allá del río como ocurrió con Alejandro Vargas, era un hombre prolífico en la versación y ello se capta en la entrevista que le grabamos un día en que su esposa Otilia, fallecida antes que él, tocaba la guitarra para demostrarnos que en aquella numerosa y entusiasta familia no había un solo miembro que no supiera cantar o ejecutarse espléndidamente en cada oportunidad donde lo autóctono y lo nuestro tenía que hacerse presente.
            La entrevista en vida con aquel señor de figura magra, vestido de liqui-liqui y con sombrero alón, transcurrió en los siguientes términos:

            Músico, Cantor, Poeta y Marino.
            ¿Quién es el culpable de que sea usted músico y cantor?
            -De ser músico y cantor no se me culpe de nada porque eso viene de una herencia de familia dejada y se ha quedado en nuestros cuerpos con sangre de ellos grabada.
            Por lo que veo ¿Cómo que también es poeta?
            -El ser poeta no se pega como se pega la sarna y el que se muere de envidia puede probarlo, pues la ciencia de Cupido y Minerva no termina y entienda que los Tomédes pertenecen a esa rama, que todos somos de sangre noble y en buen pozo derramada porque don José María Cupido de mi abuelita era hermano y la ciencia de los Minerva todos la hemos heredado y por eso somos, sin más remedio poetas reconocidos y cantores recomendados.
            ¿Pero ha sabido que antes que poeta era usted navegante?
            -Ay, hermano, cada vez que veo un barco no sabe cuanto me aguanto para no reventar el llanto.
            ¿Por qué?
            -Porque cuando fui marino yo navegué tanto y tanto que mientras más rugían las olas más se animaba mi canto y ahora que he llegado a viejo, que ya navegar no puedo, me he convertido en poeta.
            ¿Se siente, de veras viejo, don Tomédes?
            -Estoy viejo, pero siempre como el torero con mi par de banderillas que han causado maravillas y aplausos en el mundo entero, yo soy el poeta llanero que nació en Ciudad Bolívar.
           
            Tiempos que se van no Vuelven.
            ¿Dicen en su barrio que es usted un guardián insoportable de sus hijos?
            -Mis hijos ya tienen vida propia y es verdad que cuando eran pollos y tenían las alas tiernas andaba yo siempre cubriéndole las espaldas previendo que es este mundo de ahora pudieran meterle un gallo con la espuela envenenada y que a estos muhachos sin malicia me los mataran en la raya.
            ¿También se ha dicho en su bario de lo cortejado que ra usted en sus tiempos de mozo?
            -Ah, caray, cuando veía una muchacha bonita, en las puertas de los ojos me bailaban las paraparas.
            ¿Y ahora?
            -Ahora que soy viejo sólo advierto con un consejo que ya es tiempo de que me manden las muchachas a mi cama.
            ¿Para qué?
            -Buscando que les haga músicos y poetas predispuestos a la fama porque estas artes no se pegan así nomás como se pega la sarna.
            Entonces ¿Eso es asunto de herencia?
            -Eso es asunto de herencia y valga la expresión para recordar que soy hijo de un italiano, director de banda, en una venezolana. Mis bisabuelos eran poetas y yo desciendo de esa cepa y además soy nacido en Guayana.
            ¿Cree usted don Tomédes que todo tiempo pasado fue mejor?
            -Ay mijo, tiempos que se van no vuelven y si vuelven no los quiero porque jamás podrán ser como los tiempos primeros y al decirlo, es la verdad, entonces si había dinero. Había la morocota y la media morocota que sonaba bastante bonito cuando caía en el suelo.

            La Moneda de Hoy no Aguanta un Aguacero.
            ¿Quiere decir entonces que la moneda de hoy no sirve?
            -La moneda de hoy es un puro papeleo que no aguanta un aguacero.
            ¿Cómo eran las fiestas en tiempos de su juventud?
            -¡Cómo gozaban los hombres de aquellos tiempos primeros! Por cualquier motivo celebraban una fiesta, mataban un becerro y venían las damas con trajes de seda que arrastraban por el suelo porque era delicadísimo a muchachas de aquel tiempo dejarse ver el pellejo y los hombres bailaban de aquí me voy y me vengo y a la media noche gritaban:
            “¡Arpa que nos brinda el pueblo!”
            ¿Cómo se bailaba antes?
            -Le digo con franqueza, señor, que si la gente de aquellos tiempos resucitara, seguro que volvería a morir enseguida viendo al mundo como está moderno pero inmortal. Antes para bailar era un punto de pañuelo, a no dejarse tocar. Hoy es todo lo contrario, no sólo se agarran las manos sino que bailan cachete y cachete.
            ¿En esta época entonces su mujer y usted no bailan?
            -Yo sí pero mi mujer no.
           
            Con los Ojos Bien Pelados.
            ¿Celoso?
            -Pueda que lo llamen celos, pero quien quiera bailar abrazado que se vaya a estrechar un jobo. Pueda que bailen mis hijos porque han entrado en la moda, pero tratándose de mi señora, yo siempre decía: “Está prohibido, ella no baila”.
            ¿Por qué tanto rigor?
            -Porque entonces podían decir para que valen mis canas viendo que es un solo pelo el que ha tenido tal gala y si me lo dejo arrancar así bien que me mata el frío durmiendo solo en mí casa.
            ¿De manera que en materia de amores usted siempre ha vivido con los ojos bien pelados?
            -Tenemos que vivir con los ojos bien pelados sin que esto quiera decir que no haya regla sin excepción.
            ¿Qué quiere decir?      
            -Que sí mujeres honradas, como no, que frente a frente, cada a cara, que defienden con espada su dignidad y honor.
            ¿Qué debemos hacer con las que escapan de la excepción?
            -Esas que escapan de la excepción hay que darles de vez en cuando sus cuerazas para que asienten los pasos y para que piensen mejor.
            En definitiva ¿Cuál es su consejo?
            -Mi consejo es que hoy el hombre que se case tenga primero un mecate para andar con la señora de noche y a toda ahora amarrada al cinturón porque hay miles de gatos con hambre viendo dónde está el ratón. En el juego del amor por azar podré, pero nunca por descuidado, porque siempre tranco con candado al salir de mi portón, cosa de hallar desnucado al que brinque el paredón.
            Y apartando un poco el amor  ¿Gusta usted de los partidos?
            -Yo le voy a preguntar a quien pueda contestarme: para qué tantos partidos cuando hay uno sólo conocido que es el de un Dios Soberano que por él somos cristianos desde el día en que nacimos.
           
            Dios con ser Dios tuvo un Error.
            Dios con ser dios tuvo un error. Usted no lo sabe porque eso fue cuando el diluvio. El mandó a construir el Arca para salvar a Noé y su familia, pero de todas maneras era la misma semilla de una humanidad imperfecta y así tenemos como en el cuento del Burro que sufrir la misma lidia siempre el animal tumbando la carga y corcoveando con la silla.
            ¿Se considera usted un hombre de paz?
            -Yo siempre fui, he sido y moriré siendo hombre de paz. Rechazo el odio y la intriga porque me aleja de Dios y oscurece el porvenir.   
            Y para terminar ¿Qué nos dice de Guayana?
            -Nuestras glorias son sin fin en esta tierra apreciada. Ante todas las naciones tenemos grandes ventajas, bien de frente o de perfil, ninguna otra se la iguala ni en riqueza ni en belleza ni en vivir virtudes aclaradas.




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