sábado, 17 de diciembre de 2016

La Mujer y sus accesorios


Trabajo de Américo Fernández para la edición aniversaria del                      vespertino La Tarde, dirigido por Chemelito

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La indumentaria o vesti­do de la mujer suele combi­nar con una serie de accesorios, muchos de los cuales han desaparecido mientras otros más novedosos han surgido en la diná­mica constante de la moda.
Tres de estos accesorios importantes que aún persisten en unos lugares más que en otros, son el bolso de mano o cartera, la sombri­lla y el abanico.
De todas maneras el uso de estos tres últimos admi­nículos se ha venido debili­tando en el tiempo, espe­cialmente el abanico por­que a pesar de los arrebatos; el bolso persiste y es una necesidad al igual que la sombrilla para proteger­ del sol y su derivado el paraguas para la estación lluviosa,
El llamado bolso de ma­no es casi siempre inseparable de la mujer y los hay de las formas y modelos más variados y de calidades a veces tan altas que resul­tan inalcanzables para el común de las mujeres.
Pero el bolso es más que un lujo una necesidad que exonera a la mujer del engorro que sufre el hom­bre repartiéndose en , los bolsillos del pantalón, de la camisa y del paltó o la chaqueta, el llavero, la billetera, la cédula, el car­net de empleado, las tarje­tas de presentación, la ciga rrera. En cambio que con el bolso de mano, la dama tiene un depósito común para todos esos objetos incluyendo los propios del neceser como el compacto, el delineador, el lápiz labial y el de cejas, el rubor o colorete, la sombra para los ojos, la colonia, cepillo, esmalte, el espejo, el pañuelo, los preservativos y los tampones para cualquier emergencia que, por su­puesto, nada tenga que ver con el verano o el invierno porque para eso existe la sombrilla y su descendien­te el paraguas.
Porque primero que el paraguas o umbrella, como lo llaman los ingleses, fue la sombrilla, privilegio de las damas que tienen su origen en encumbradas ci­vilizaciones antiguas, entre ellas, la egipcia y babilóni­ca, pero de gran uso siem­pre en los cálidos países del Oriente.
En la India se le conside­ró por mucho tiempo un símbolo real y se honraba a los nobles con el título de "Señor de la sombrilla".
Su desplazamiento a Occidente fue inminente, pero con el tiempo ha venido cayendo en desuso, despla­zado, en todo caso, por el paraguas, más usado en tiempos lluviosos.
Italia y Francia fueron los países introductores del paraguas, aunque antes de lograrse su aceptación general, sirvió para burlar a quienes lo utilizaban y mu­cho más cuando alguien en París quiso convertirlo en pararrayos portátil.
Hoy el paraguas no es el mismo pesado y fúnebre de' antes. El de la época con­temporánea es más liviano y ornamentado con vistosas telas. Es una mezcla de paraguas y sombrilla y, por lo tanto, sirve para guardarse de los rayos solares y de la lluvia.
Las sombrillas de hace dos mil años estaban con­feccionadas de forma tal que cumplían la función dual de protegerse del sol y convertirse en abanico pa­ra agitar el aire cuando el calor era insoportable. Después no fue necesario diseñarlas para esa noble fun­ción porque se inventó el clásico abanico, del cual se conocen valiosas colecciones en el mundo.
El abanico es así como un ventilador portátil, pero muy gracioso, artístico y femenino, tanto que fue utilizado en las cortes rea­les de otros tiempos. A los faraones egipcios se les refrescaba con un abanico de plumas provisto de un largo mango porque así eran los abanicos de los  primeros tiempos, rígidos y operados por una segun­da persona, generalmente el sirviente o el esclavo. Tiempo luego los japoneses inventaron el abanico plegable para uso unipersonal que se popularizó universalmente. Se comenzaron en­tonces a diseñar abanicos para ocasiones especiales, bien para bodas, sepelios o simplemente para las esta­ciones. Se fabricaban aba­nicos de madera muy fina y liviana, perfumados como el sándalo, de seda, plumas y con varillas de marfil o nácar.
Como era una prenda característica de la reale­za, la Revolución Francesa terminó o debilitó su uso, pero quien le dio un golpecasi mortal fue el ventila­dor y el aire acondicionado. Ahora el abanico no es una necesidad sino un lujo, un accesorio para lucir o mo­near, pero llamativo siem­pre. Las españolas lo saben lucir muy bien y se dice que la Reina Isabel II tenía uno con varillas de oro adorna­das con piedras preciosas.
En Venezuela, en el siglo pasado y hasta los prime­ros del presente, el abanico era frecuente en los -galones y hasta se inventó un len­guaje para que las damas pudieran trasmitir mensajes de amor a sus pretendi­dos. Asimismo el abanico les servía para resaltar algún detalle de su cuerpo o de su vestido como también para curiosear y murmu­rar muy de cerca con su vecino.

viernes, 21 de octubre de 2016

Arturo Sosa, hoy Papa Negro, visitó Ciudad Bolívar en 1987

Fue entrevistado por Américo Fernández el 26-04-1987,   He aquí la entrevista publicada en diario El Expreso:


El sacerdote jesuita Arturo Sosa:
La inflación acaba
con la calidad de vida
de los venezolanos
+Estamos en el umbral de una mayor pobreza colectiva con lo cual puede sobrevenir una peligrosa explosión social.
+Ya el Estado no es expresión de todos los consensos sino de todos los conflictos del país.
+La diferencia ideológica es la que hace fuerte el pacto AD-Copei.

Doctor Arturo Sosa hijo, director de la revista SIC y del Centro Gumilla.
Venezuela en los próximos años se verá sometida a un proceso tremendo de inflación que deteriorará mas la calidad de vida de sus habitantes, cree el sacerdote Jesusita Arturo Sosa, director de la revista SIC y profesor de la UCV, de la Universidad Católica y del Instituto Superior de las Fuerzas Armadas Venezolanas. Sosa es también director del Centro Gumilla, Institución creada para el estudio de la realidad venezolana. Con él sostuvimos esta entrevista en la casa de familia de Leonel Jiménez Carupe, una hora antes de cerrar un ciclo de conferen­cias sobre actualidad y perspectiva económica de Venezuela, organizado por la directiva del Colegio de Abogados que preside la doctora Trina Navarréte de Ron.
Pues bien, la actualidad económica la conoce­mos, es mas la vivimos, pero ¿cuál cree el doctor Arturo Sosa que sean las perspectivas? El nos aclara que las perspectivas económicas tienen que ver con las perspectivas políticas y que si somos honestos en Venezuela no hay muchas posibilidades de cambio en las relacio­nes de Poder, en virtud de lo cual en los próximos años Venezuela, como hemos dicho al comienzo, se verá sometida a ese proceso tremendo de inflación que deteriorará mas la calidad de vida del venezolano que es, dicho sea, como el chivo expiatorio de toda la crisis.
Y eso ¿qué significa? -preguntamos.
'Significará mayor pobreza colectiva, con lo cual puede sobrevenir una peligrosa explosión social. Sosa, a quien se le puede aplicar aquello de que `el hábito no hace el monje" porque viste como in civil común y corriente y hasta se deja crecer los bigotes, hace un poco de historia para darnos a entender que los orígenes de la difícil situación venezolana no hay que buscarlos en el actual gobierno ni en el anterior sino muy atrás, tal vez por la década del 30 cuando todas las fuerzas Políticas convergieron en la necesidad de mo­dernizar la industria utilizando la palanca. del petróleo.
Esta política-expresa-se ve fuertemente mar­eada por la acción del Estado en razón de que es 'éste el que administra las rentas petroleras que posibilita la industrialización capitalista de Venezuela.
El Estado venezolano entonces podía expresar el consenso nacional frente al exterior por cuanto era el defensor de la riqueza de los venezolanos frente a unas compañías extranje­ras que la explotaban. De manera que cuando el Estado aumentaba los impuestos a las transna­cionales todo el mundo estaba de acuerdo, había consenso nacional aún cuando existiesen diver­gencias en cuanto a la forma de distribuir las rentas. Asi que cuando ocurrió la nacionaliza­ción del petróleo, el Estado dejó de ser expresión de ese consenso hacia -el exterior porque el Estado pasó a ser simultáneamente productor y distribuidor de las rentas, luego ya no hubo consenso en sí mismo y esto, afortunadamente para el Estado vino a coincidir con una época en que sube mucho la renta petrolera con lo cual las contradicciones se salvan; pero desde hace tres años las rentas petroleras se vienen abajo y entonces ya el Estado no es expresión de todos los consensos sino de todos los conflictos del país. -¿Podríamos decir que el punto crucial es económico?
-Yo diría que para mi el punto es político pues si hubiera un sujeto distinto de las decisiones políticas, pudiera haber un cambio en política económica, vale decir, si consciente o incons­cientemente la política económica no estuviese manejada por representantes del sector externo.
-¿Es el Ministro de Hacienda un representante del sector externo?
-Desde que Venezuela tiene deuda externa los Ministros de Hacienda, como hecho curioso, son banqueros y lo primero que piensa un banquero es pagar y después ver si nos alcanza para comer. En cambio, un deudo que no es banquero pues prefiere retrasar el pago de la deuda lo más posible sin reducir su negocio o calidad de vida en el caso de un país.
-¿Pero se podría presionar para que la política económica fuese en otra dirección?
-Hasta ahora los sujetos políticos en Venezuela han sido AD y Copei dentro de una sociedad débil, muy poco constituida como sociedad civil, donde no hay fuerzas que traten de presionar la política económica en otra dirección.
Si, por ejemplo, aquí hubiera un sector industrial realmente consistente, que pueda crecer y que estuvieran dadas las condiciones para que ahora se diera un proceso de sustitución de importa­ciones, si este sector fuera importante política­mente, hubiera logrado que esa parte de las divisas que se van para la deuda externa se la dedicará el Estado a la inversión en Venezuela, hubo cambiado completamente el panorama de la vida en Venezuela. Se hubieran creado empleos. Solamente la creación de empleos significa una repartición del ingreso y un aumento de la demanda que a su vez crea incentivos para la producción.
-¿Se está dando o repitiendo aquí lo ocurrido y en otro país?
-El caso venezolano es muy especial porque su modelo de desarrollo ha estado basado en el ingreso petrolero, cosa que no ha sucedido en ninguno de los otros países. Entonces esa característica hace que el crecimiento fuera muy rápido, en un sentido desproporcionado a lo invertido en trabajo y en industria y que también el decrecimiento sea como violento. Además tiene su particularidad política. En América Latina no hay otro país donde se de un sistema político como el nuestro. Venezuela tiene - un proceso que si bien desde el punto de vista de indicadores externos se asemeja a otros países, tiene una historia peculiar, es decir, que no es una metida de pata de ahorita sino que hay todo un encadenamiento que nos ha llevado a esta situación.
-¿Ve diferencias entre AD y Copei o son la misma cosa?
-Por parte de los dos partidos ha habido una gran continuidad en la misma política. Algo al respecto muy importante de recordar es que la política democrática venezolana surge de un pacto y se mantiene por un pacto entre los partidos. El Pacto de Punto Fijo significa un programa común de gobierno, es decir, ganará, quien ganara el programa iba a ser el mismo. Si los partidos llegaron en el 58 a tener esa unidad de intereses y de políticas económica y social, pues con matices, eso se ha mantenido durante todo el tiempo.
El que esta se da por el sistema de alianza entre los dos partidos. Entonces, mientras no se cambie eso no se cambia nada tampoco. -Entonces ¿esa alianza se da a pesar de las diferentes ideológicas?
-Claro. Eso es mucho mas fuerte que las diferentes ideológicas. Yo llegaría a decir que la diferencia ideológica es la que hace fuerte el pacto porque el hecho de que hayan dos partidos con diferencias ideológicas aparentemente grandes es lo que permite que la unidad tenga consenso social, porque entonces la gente que no tenga conciencia suficiente para ver eso cree que votando por AD castiga a Copei o votando por Copei castiga a AD y en fin de cuentas lo que hace es apoyar La alianza. O sea, el voto AD c Copei desde el punto de la estructura política es igual, más aún, la alternancia de los dos partidos fortalece el conjunto de la alianza.
-¿Podrías explicarlo mejor?
-Me explico, el que haya posibles alternativas dentro de un marco unitario de política económica global, hace que el sistema sea fuerte, que en la debilidad, por ejemplo, del sistema mexicano que la existencia de un partido único hace que todos los errores del 'partido único sean los errores del sistema política. En cambio, en Venezuela hay una diferencia entre el sistema democrático y los errores de los partidos, lo que significa que yo puedo' echarle la culpa al gobierno de CAP o al de Luis Herrera, pero no al sistema democrático, y sin embargo, las dos cosas son lo mismo.
-¿Tú crees que seguirá vigente la llamada "Ley del Péndulo"?
-Bueno, hay muchas posibilidades. Yo no lo descarto.
Creo que todo depende de los procesos internos de AD y Copei donde se libran luchas encarniza­das. Si Copei llegara a un acuerdo sobre la candidatura presidencial sin traumas internos, puede ganarle las elecciones a AD porque Acción Democrática va a tener que lidiar con el gobierno y el deterioro de la popularidad a causa de la crisis económica y política. Ahora, si Copei llega a una lucha debilitado no va a ganar las elecciones y lo mismo puede decirse de AD. -¿No crees que ganar depende también del candidato?
-Por supuesto, si AD llega a un acuerdo más o menos pronto y presenta a CAP, tiene chance de repetir.
-¿Por qué no Lepage?
-Porque CAP tiene mas ventaja que Lepage por tener una imagen que viene fuera del gobierno y no del gobierno y porque puede jugar un poco a su imagen anterior, a la nueva Venezuela o a la audacia que tiene como personaje político.
-En Copei ¿crees que Caldera dará paso a Fernández?
-Debería darle paso porque ya Caldera tiene su puesto asegurado en el sistema democrático venezolano. Su contribución está hecha y no creo que vaya a ser mejor por que repita. Yo creo en este momento que la experiencia de Caldera, interna y externamente le es útil a cualquier gobierno sea de AD o Copei y al país en general, pero para eso tiene que salirse un poco de la pelea cotidiana. Creo que le haría mucho bien al pais que Caldera no peleara esa candidatura. Como proceso histórico de la organización, yo vería que sería muy bueno que fuera Eduardo Fernández el candidato.
-Desde fuera ¿qué visión tienes tú del desarrollo de Guayana?
La visión que uno tiene desde fuera es que hay una desproporción tremenda entre el esfuerzo económico y el esfuerzo social. Lo que ha podido ser un modelo de desarrollo armonizado, inte­gral, ha sido un proceso evidentemente injusto. Yo he estado varias veces en San Félix y es desproporcional la vida entre San Félix y Puerto Ordaz. Creo que Guayana se ha convertido en un ejemplo de lo que no debe ser.
-Sin embargo, sus planificadores la concibieron como ciudad soñada.
-Si ese es el sueño, mejor es despertarse rápido. 
-¿Ha continuado creciendo la Teología de la Liberación?
-Yo creo que en América Latina ha habido un crecimiento importante en esa corriente. Hoy en día hay muchísimos miles de cristianos, de religiosos, de sacerdotes e incluso de obispos más comprometidos con las situaciones del pueblo.
Esto nos ha lleva do a que la Iglesia plantee cosas distintas a las que planteaba en el pasado. 
-¿Por qué las agencias internacionales ya no hablan como antes de la Teología de la Liberación?
-Porque se les cambió de bando el Papa.

viernes, 19 de agosto de 2016

Laureano Márquez imitó a Ramos Allup y esta fue su reacción

PUENTE SOBRE EL CUYUNÍ

El viejo puente que cruza el Cuyuní, en la vía hacía la Gran Sabana, es indudablemente importante y atractiva obra de ingeniería que la prestigiosa revista “Estilo” atribuye a Alejandro Gustavo Eiffel, pero ¿lo es ciertamente?

-Américo Fernández-

         El puente sobre el Cuyuní tiene una historia interesante, y seguro que pocos guayaneses conocen la importancia de esa obra de la industria europea llegada a Venezuela en tiempos de la dictadura gomecista para vadear el río Guárico por El Sombrero, allá en los límites con Aragua, pero resultó tan angosto para el intenso y pesado trafico vehicular de la región que el Ministro de Obras Públicas del General Marcos Pérez Jiménez decidió suplantarlo por otro de estructura plana, y a pasar el colgante para el Cuyuní, un río guayanés que nace en la Sierra de Lema, se une con el Yuruari delante de El Dorado y va a tener a la antigua Guayana Británica a través del Venamo.
         El nuevo puente sobre el Guárico fue construido en 1956, unos 700 metros aproximadamente del puente colgante primitivo por su lado sur, para enlazar la carretera con una vía perimetral, vale decir, alejada del centro de la población de El Sombrero dentro del marco de la política de vialidad del llamado Nuevo Ideal Nacional.
         ¿Por qué no se dejó el puente primitivo?  Porque es muy angosto y se requería otro con capacidad para el tránsito pesado.  Por eso se construyó un puente plano, estructura de hierro, pero sin los atractivos del anterior que ese mismo año de 1956 fue reubicado en la región selvática de Guayana para facilitar entonces la iniciación del proyecto de construcción de la carretera El Dorado a Santa Elena de Uairén, cuyo  contrato había suscrito el Gobierno Nacional con el ingeniero Luis Entrena en 1953.  El puente colgante sobre el Cuyuní es el primero de su tipo montado en Guayana, al que le siguió el Puente Angostura sobre el Orinoco, construido decenios después por la United States Steel International, entre Punta Chacón y Playa Blanca.  Viéndolo bien, es una obra de arte que a juzgar  por un artículo publicado el 19 de febrero  de 1955 en la página de Arquitectura del “Diario de Caracas” y un reportaje de Hannia Gómez en la edición 16 de la revista “Estilo”, diseñada por Alejandro Gustavo Eiffel, creador de la famosa Torre Eiffel, de 300 metros de altura  y 1710 peldaños, levantada en el Campo de Marte y que es orgullo de París desde su inauguración con motivo de la Exposición Internacional de 1889.
Alejandro Gustavo Eiffel nació en Dijon en 1831 y falleció en 1923.  Ingeniero graduado en la Escuela de Arte y Oficios de París, fue el primero en aplicar los procedimientos de aire comprimido al fundamento de los pilares de muchos puentes de grandes ciudades europeas.  Suyo es también el marco de hierro para la Estatua de la Libertad, de Bartholdi, en el puerto de Nueva York.  Su fama es proverbial y el que se diga que en Venezuela, específicamente en Guayana, existe un puente de hierro diseñado por Eiffel, colma de expectación a quienes hasta ahora lo han ignorado y esperan el esclarecimiento cabal de la noticia.  Dice Hannia Gómez en su reportaje publicado en la revista “Estilo” que a la media noche sonó en su teléfono la voz de un desconocido que sin más preámbulos le afirmó que “El Puente es de Eiffel”.
El hombre le decía estar sentado frente a la pantalla de su computador, y que en ella tenía los planos del proyecto del puente.  Le decía “que podía apreciar  con detalle sobre todo, los montajes verticales... el problema de los esfuerzos, la tensión de los cables... había incluso fotografías que le habían llegado por el Internet a su e-mail, desde Francia.
¿Cómo era posible que los franceses supiesen de la existencia del pequeño puente sobre el Cuyuní, y tuviesen archivada la documentación gráfica completa en una central electrónica de información de monumentos históricos... cuando aquí todo no salía del terreno de lo legendario?  Y no sólo eso, respondió  pomposamente la voz.  La Embajada de Francia incluso ya ha reclamado oficialmente el puente a Venezuela, porque debe regresar, como toda obra de arte de todo maestro francés, a la nación francesa.  Tengo noticias de que incluso, ya lo están reclamando en este  momento para llevárselo, como pasó una vez con el Puente del Guanábano, que actualmente se encuentra restaurado e impecable, luego de años tirado en el Guaire, funcionando como la atracción máxima en un parque del Canadá.
Puentes robados a la patria, Puentes desmantelados bajo nuestras propias narices, ante la indiferencia nacional.  Parecían una aciaga segunda parte de la película “El Robo” de la Torre Eiffel”.  Pero, ¿Cómo se habían enterado en Francia?
Unos ingenieros de una compañía alemana que estaban construyendo el nuevo puente sobre el mismo río, se acercaron hace pocos meses con curiosidad profesional hasta el puente colgante en desuso.  Ellos dieron con la placa, y pasaron la información... y como aquí nadie lo quiere, ni se han interesado por restaurarlo...
¡Entonces era verdad!  Había que hacer algo, volar al Estado Bolívar, convocar a una rueda de prensa, alertar al Canciller, al Presidente.  Pero, primero, se necesita una prueba, tener una imagen del puente y de la placa reveladora.  La voz explicó:  lo siento, no puedo imprimir ni enviarle por fax la documentación, reconocerían en la oficina de Francia que he sido yo quien pasó la información, sería desastroso para mi reputación internacional, perdería crédito y confianza.  Es como con la fuga de obras de arte, los Picasso, los Matisse, escapando entre los países.  Esta es una obra de arte de Eiffel, entienda usted, es lo mismo, ellos la quieren, nosotros la tenemos... todo debe ser confidencial.
¿Qué quería este hombre a cambio? ¿Para qué había llamado?  Soy restaurador de obras de hierro, y si el puente se queda en Venezuela, me necesitarán.  Si se va, en cambio... Unámonos para no permitir la fuga de esta pieza monumental.
La conversación terminó.  “Nunca tuve una foto del puente, ni supe más del hombre”.  Hasta aquí la conversación (real o fábula) que sostuvo Hannia Gómez con la voz desconocida.  En El Sombrero dicen y redicen y así lo confirma a pie juntillas su cronista oficial Manuel Manrique, que el puente colgante fue inaugurado el 6 de mayo de 1930 y permaneció sobre el río Guárico hasta 1956 que el entonces Presidente de Venezuela, General Marcos Pérez Jiménez, ordenó reubicarlo en El Dorado.  Era Ministro de Comunicaciones entonces, el general Luis Felipe Llovera Páez, nativo de Ciudad Bolívar.
         Los habitantes de El Sombrero hicieron lo posible para que el puente colgante permaneciera en su lugar, no obstante, la construcción de uno nuevo.  Alegaban que bien hubiera podido quedar para el tránsito local  y de vehículos livianos, pero en contraposición se arguyó su poco tiempo de vida útil.
         Según Manrique, con quien hicimos contacto telefónico, el puente colgante fue construido en Alemania y trasladado a Venezuela para cruzarlo sobre el río Guárico a objeto de darle continuidad  a la carretera de los Llanos centrales y occidentales llevada adelante por el gobierno de Juan Vicente Gómez dentro del plan de construcción de carreteras iniciado en 1911.
         Correspondió al ingeniero Rafael Ruiz dirigir los trabajos puesto que es un puente prefabricado así como el montaje, operación que realizó junto con el maestro de obra, John Brawn, de origen trinitario.
Las características de este puente colgante traído de Alemania están descritas en las Memorias de obras Públicas de 1929.  En detalle, se trata de una obra de estructura rígida con rótulos en las bases de las torres y luz entre la mampostería  de los estribos.  La luz entre las torres es de 120 metros y 5.15 metros las distancias transversales entre las torres; 2 aceras de un metro de ancho cada una y 6 metros la anchura total útil del puente.  Posee una resistencia calculada para el paso de 2 filas de camiones de 6 toneladas o bien una aplanadora de 19 toneladas.  La medida entre los ejes de las torres es de 120 metros y los anclajes, ambos de 13 metros, están situados a 44 metros de los ejes de las torres en cada margen.  De extremo a extremo el puente tiene una longitud de 213 metros.  Si nos atenemos a una crónica sobre la ingeniería venezolana de la arquitecta Leszek Zawisza (Revista 343 CIV 1987), el puente colgante sobre el Guárico  fue diseñado, no por Eiffel, sino por el ingeniero venezolano Luis Velez, quien también diseñó el puente Libertador sobre el río Torbes, igualmente colgante.
Luis Velez fue inspector y Ministro de Obras Públicas del gobierno gomecista durante los períodos 1915-1922 y 1933-1935.  Miembro fundador y Presidente de la Academia de Ciencias, Físicas, Matemáticas y Naturales y autor de  la “Cartilla para el Cálculo de Puentes Colgantes”.
Si como dice la arquitecta Zawisza, Luis Velez diseño el puente colgante sobre el río Guárico, es posible entonces, que su construcción, puesto que estaba diseñado con torres de acero, haya sido contratada a una empresa alemana.  Entonces, ¿Cómo se llamaba esa empresa? ¿Acaso “Eifel” (con una sola f) como la meseta de 740 metros ubicada en la región alemana de Remania? Si es así, la confusión con el “Eiffel” francés pudiera venir por allí.
Para la época de Gómez se diseñaron y construyeron puentes colgantes, pero con torres de concreto, como el de Boconó, y de madera como el de Acarigua.  Las veces que se acometieron puentes con torres de hierro, había que importarlas.  El primer puente colgante con torres de madera fue construido en Venezuela por el ingeniero Alberto Lutowski, en la carretera Valencia – Puerto Cabello, en 1844.  Este ingeniero, de origen polaco, murió en Ciudad Bolívar el 16 de febrero de 1871 cuando construía el edificio destinado hoy a Centro de las Artes.
Esta es una posibilidad que nadie hasta ahora  la ha presentado y que toma fuerza cundo vemos, como lo afirma el cronista de El Sombrero, que el puente fue traído de Alemania y no de Francia.  Asimismo, cuando cotejamos el año de la muerte de Alejandro Gustavo Eiffel, ocurrida en 1923, y el montaje del puente en Venezuela en 1930.  No quiere decir, sin embargo, que el ingeniero Luis Velez no haya seguido la escuela de Eiffel en cuanto a tipología.
De todas maneras, sea o no de Eiffel, el puente colgante sobre el Cuyuní tiene un gran valor desde el punto de vista histórico y artístico, máxime si fue diseñado por un ingeniero venezolano, y  por lo tanto, merece ser restaurado y rescatado, si es posible, para ser utilizado y exhibido como atracción turística en la Gran Sabana, algo parecido a lo que se hizo con el puente caraqueño del Guanábano o “Puente de los suicidas” construido en 1884 en el cauce del Catuche y que ahora, por generosidad o negligencia nuestra, exhibe Canadá como señuelo turístico.



miércoles, 26 de agosto de 2015

¿QUIÉN ULTRAJO Y MATÓ A LESBIA BIAGGI?




Un domingo 15 de octubre de 1961, la ex secretaria de la Cámara de Comercio de Ciudad Bolívar, hermana del sacerdote ex capellán del ejército, Luis Ramón Biaggi Tapia, fue hallada ultrajada en su habitación y con una herida profunda en el  intercostal izquierdo que le causó la muerte.

Américo Fernández


            Nadie sabe cuándo, pero sabemos a ciencia cierta que tenemos que morir, por agotamiento físico, enfermedad o trágicamente, pero lo inexplicable y sorprendente, lo que siempre ha consternado a la humanidad, es que fuera de esos determinismos naturales, se viole impunemente el derecho a la vida.
            En el caso criminal de la joven de 24 años, Lesbia María Biaggi Tapia, asesinada en su propio hogar, donde vivía con su madre y dos de sus hermanos, no sólo se violó impunemente el derecho a la vida sino que se la ultrajó.
            Treinta y nueve años transcurridos y han sido insuficientes para esclarecer el crimen, pues el único sindicado fue absuelto porque los indicios en su contra, logrados a través de los análisis de laboratorios, más los testimonios cotejados por el  Buró de investigaciones del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial,  no convencieron al Juez Penal de la causa.  ¿Qué procedía entonces?  Obviamente, reactivar las investigaciones hasta las últimas consecuencias, pero por lo que ordinariamente observamos, ya es práctica manida de los cuerpos policiales asumir una conducta de tácita impotencia (¿presión, comodidad, desidia, prejuicio?) quedando de esta manera el caso en absoluto abandono hasta su prescripción eterna.
            Mientras tanto, los bolivarenses, cada año por este día de octubre, se conforman con recordar a aquella muchacha afable, romántica y sencilla que sólo llegó a usar el velo para ir a misa porque el de novia se lo arrebató la muerte.
            Se llamaba Lesbia María Biaggi Tapia, morena de 24 años,  pelo negro, 1,60 de estatura, contextura regular, casi parca y de sonrisa agradable. Hija adoptiva, porque Carmen Biaggi de Tapia, su madre aparente,  sólo tuvo a Ada en su matrimonio con Ramón Biaggi, aparte de los varones: Luis Ramón (sacerdote), Nanzo (abogado), Frank y Orlando, todos nacidos en Pariaguán del Estado Anzoátegui y con residencia y vida profesional en la Capital de la República.  Lo cierto es que la vida de esta familia se desgració desde aquel aciago día en que la sangre de Lesbia se desbordó por el lado de su corazón e inundó  la sensibilidad del mundo cristiano, más cuando el señalamiento que a una semana del crimen hizo la PTJ, apuntaba a su hermano de crianza, un joven sacerdote, virtualmente impecable en su carrera clerical.
            Excepto la explosión de nervio al ser informado y un desmayo sufrido frente al cadáver desnudo y sangrante de su hermana, el Padre Biaggi  trató en todo momento de conservar el aplomo y cuando el Inspector Nacional de la PTJ, doctor Carlos Olivares Bosque lo interrogó “libre de coacción y apremio”, declaró que sólo sabía lo que había visto y hecho hasta ese momento de enterarse del trágico suceso.  Vale decir, que el sábado 14, a eso de las cinco de la tarde, salió de su casa de la vereda cinco de Vista Hermosa, conduciendo carro propio, en compañía de su madre, su hermana Lesbia y su hermano menor Orlando, hacia la casa de la familia Huang, donde se realizaron dos bautizos, uno de los cuales apadrinado por él y su madre madrina del otro.     
            Luego se trasladaron a la Iglesia para cumplir la ceremonia del bautizo y seguidamente  regresaron a la casa donde la familia Huang ofreció un brindis.  Allí compartieron hasta un poco antes de las once cuando decidieron retirarse y llevar de paso  hasta su domicilio a Grecia Ortiz y al joven Rigoberto Franceschi, novio de Lesbia, que se había incorporado a la reunión a  las 9:30 de la noche.  El Padre dijo haber consumido sólo dos vasos de whisky de  botella y media servida durante la sencilla reunión.
            Entre 11:30 y 12 de la noche la familia Biaggi Tapia  llegó de regreso a Vista Hermosa y  contó el Padre que “al llegar a casa, mi mama me entregó la llave, abrí la puerta y penetré en mi habitación con el deseo de dormirme pronto porque el domingo muy temprano debía oficiar misa.  Cerré mi cuarto, encendí el aparato de aire acondicionado, me desvestí y me acosté.  En la noche no sentí nada extraño y a las 6 de la mañana  del domingo me desperté; abrí la puerta y me dirigí al baño antes de prepararme para la misa.  Al salir, como tenía casi enfrente la habitación de mi hermana Lesbia, observé que la cama estaba vacía, porque no le vi los pies, que era lo único que sin asomame podía observar, pues la puerta de habitación  no estaba abierta del todo.  Me puse la sotana y salí hacia la puerta de la calle encontrándome con que estaba abierta –eran como las 6,20 de la mañana-  A mi me extrañó que estuviese abierta a esa hora, pero como teníamos que ir temprano de excursión, supuse que mi hermana había salido a hacer diligencias relacionadas con el paseo.
            Encendí mi carro y salí hacia la iglesia Santa Ana a oficiar la misa.  La comencé a las 6:35 y al terminarla convoqué hacia mi a todos los fieles que estaban dentro y comenzamos a organizar una colecta con el fin de hacerle el trono a la virgen de Coromoto.  Estando en eso entró a la carrera el maestro Félix Rodríguez a decirme:  “Padre, que vaya urgentemente a su casa que allá ha sucedido una tragedia”  Rápidamente, me despojé de los ornamentos y salí corriendo.  Quise manejar y Félix me quitó el suiche para hacerlo él.  Desesperado, le pregunté:  “¿Qué ha pasado con mi hermana?”, y me respondió:  “¡Está muerta!”
            Entonces lloré, sentí que los nervios me dominaban y le dije:  “Llévame primero a casa de Monseñor Bernal, frente a la Catedral, junto a él tendré más valor para poder ver a mi hermana muerta.  El es para mi como un padre y ha sido mi apoyo en los momentos difíciles”.  Supuse que ese día, domingo, estaría en la Catedral.  Subí tres gradas y al sentir un carro que venía detrás,  vi que era José Soto, el muchacho del Palacio Arzobispal.  Le pregunté si Monseñor estaba en la Iglesia y me respondió que aun no había llegado de Puerto Ordaz.  Le dije que lo fuera a buscar inmediatamente y me fui a mi casa en mi carro manejado por Félix Rodríguez.  Encontré allí mucha gente en el frente; muchos se acercaron para abrazarme y yo, sorprendido, pregunté ¿cómo ha sido? Y me respondieron ¡la mataron!.  Sentí que perdía el ánimo para entrar y ver a mi hermana muerta.  Acudí a mi madre que estaba en el porche, con quien me detuve un rato.  Pasé a la sala, me senté; entonces me acerqué hacia la puerta del cuarto de mi hermana.  Adentro estaba el doctor Humberto Bártoli, médico forense, el fotógrafo de la Judicial, así como el Jefe de esta Oficina señor Díaz Arévalo.  El doctor Bártoli creyó a primera vista que la causa de la muerte de Lesbia la había producido un derrame ¿un derrame, y  me dijeron que la  habían matado?  me pregunté retirándome de la puerta y sentándome otra vez en la sala desde donde fui llamado por el Dr. Bártoli... me mostró que había una herida en el pecho.  Mi hermana estaba en el suelo, del otro lado de la cama, o sea, del lado de la ventana, tiesa.  Al verla totalmente desnuda sentí una baja de tensión y tuve que retirarme conducido en brazos de otros hacia una cama donde me acostaron.

ACTUACIÓN ILÓGICA DEL PADRE

            El maestro de escuela Félix Manuel Rodríguez Rondón, de 28 años, casado, natural de El Miamo y vecino de los Biaggi, también fue llamado a declarar, pero su versión no concuerda exactamente con la dada por el sacerdote después que lo enteró del hecho. Rodríguez dijo que el domingo 15 se levantó a un cuarto para las siete de la mañana y cuando comenzaba el desayuno oyó gritos.  Salió a la calle y se dio cuenta que los gritos procedían de la casa de la familia Biaggi y pudo ver a la Señora Carmen Biaggi, desesperada, diciéndole ¡está muerta!
“Sin llegar a saber de quién se trataba, tomé mi carro y me dirigí a la Cárcel Modelo para avisarle al Padre Biaggi.  En ese lugar no lo conseguí y me dirigí a la iglesia Santa Ana de la que también es párroco.  Allí estaba con los ornamentos propios de la misa.  De inmediato lo llamé  mediante una seña y le dije: ¡Padre. en su casa hay una tragedia!, ya que no sabía de qué se trataba, ni quién era la víctima.  El Padre, de seguidas, se quitó los ornamentos y se dirigió al carro y como lo vi nervioso, le quité el suiche.  Entonces me dijo que la única que había en su casa era su hermana y me pidió lo llevara al Palacio Arzobispal para hablar con Monseñor Bernal.  Estando en el sitio, no se si alguien le dijo al Padre que Monseñor Bernal no estaba en el Palacio Arzobispal.  Fue  entonces cuando llegaron otros vecinos cuyos nombres no recuerdo, a bordo de un Ford Falcón, y el Padre se embarcó en él y se dirigieron a la clínica “García Parra” mientras yo lo seguía en su carro.  En la Clínica se bajó el Padre y habló con un médico, mientras yo me adelantaba para dirigirme a dar aviso a la Judicial, como él me lo había pedido en el trayecto.  Una vez que avisé a la Policía, volví a la casa de la familia Biaggi y  dejé el carro.  Ya el Padre Biaggi había llegado y se encontraba en el porche lleno de gente.  Con un pariente del Padre traté para que me prestara el carro para informar del suceso a los familiares.  Fue al regreso, a bordo de la chalana, como las 2 de la tarde, cuando supe que se trataba del asesinato de la joven Lesbia Biaggi.

LA PTJ EN ACCION

El Cuerpo Técnico de la Policía Judicial hizo acto de presencia y constató que la joven Lesbia María fue víctima de una profunda herida en el octavo espacio intercostal izquierdo que le produjo hemorragia y muerte, siendo a la vez ultrajada. Constató también que no hubo signos de violencia y que la joven, defendiendo su honor y en un esfuerzo desesperado, arrancó cabellos al victimario, el cual haciendo uso de un cuchillo o daga le causó una herida mortal.
Consumado el hecho criminal, el autor preparó el sitio del suceso, colocando el cadáver en el suelo, cerca de la cama.  La PTJ logró con éxito reactivar rastros y huellas que permitieron llevar a cabo una intensa como bien orientada investigación y acumular gran cantidad de evidencias.
Practicó exámenes hematológicos y micrométricos de los pelos arrancados por la víctima al victimario, asimismo los practicó a un pañuelo manchado de sangre y a una media femenina perfumada hallados en el cuarto del sacerdote. De la misma manera,  reactivó huellas y manchas en el piso de los cuartos de Lesbia y del Padre, de suerte que  pudo la Policía acumular gran cantidad de evidencias en contra del sacerdotes que obligaron irremisiblemente a su detención..

DETENCIÓN DEL PADRE BIAGGI

Dada la acumulación de evidencias arrojadas por la experticia técnica y las actuaciones ilógicas y contradictorias patentes en algunos testimonios, el Inspector Nacional en Comisión, Carlos Olivares Bosque, sindicó al Pbro. Luis Ramón Biaggi Tapia, como autor de los hechos o, en último término, como presente en el sitio de los sucesos en el lugar del crimen.  Por lo tanto se le practicó detención el 26 de octubre y se puso a la orden de los Tribunales de Justicia.
Entre las evidencias que sindicaron al sacerdote como presunto autor del crimen están los cabellos de su región temporal que guardan notable similitud con los arrancados por la víctima a su victimario.  La mancha de sangre en el pañuelo y unas cinco acciones ilógicas, como la de ir directamente al Palacio Arzobispal en vez de hacerlo directamente a su casa donde había sido hallada muerta su hermana de crianza.

UNA CARTA A SU FAVOR

Una carta jugada a favor del Padre Biaggi la constituyen los exámenes psicológicos y psiquiátricos practicados oficialmente por los doctores José Luis Vethencourt y el Pbro Carlos Alberto Plazas.  En síntesis, estos exámenes concluyeron en que las reacciones internas y externas del Padre Biaggi eran diametralmente opuestas a las de un criminal.  Según los resultados de esos exámenes, el Padre Biaggi parecía ser “inocente, a menos que se trate de un monstruo, pero en este último caso no existe antecedente en la psiquiatría”.
Días después, el juicio fue erradicado de la Circunscripción Judicial del Estado Bolívar y el Pbro. Luis Ramón Biaggi Tapia pasado de la Cárcel de Ciudad Bolívar, donde había sido capellán, a la Penitenciaría de San Juan de los Morros.  Posteriormente salió absuelto y terminó renunciando a los hábitos sacerdotales.  Hoy día es abogado en ejercicio. La madre del sacerdote terminó suicidándose mientras el arcano se tragó el misterio de aquella ofensa mortal a la existencia de una mujer en la etapa soñadora de su juventud.








           

           


lunes, 13 de julio de 2015

De la Tumbazón al Trocadero

(Especial para la edición aniversario de El Luchador 10 de julio 2015) 

De la Tumbazón al Trocadero
pasando por El Retumbo y  la Ciudad Perdida

El advenimiento de la Rockola, lenitivo para los despechados y buscadores de encuentros amorosos.

-Américo Fernández-

La actual calle Santa Ana era conocida antiguamente como  calle La Tumbazón en razón de que allí la marinería del puerto fluvial como toro boruca tumbaba a las diablitos, pero esto se acabó cuando el vicario general de la diócesis. Monseñor José Leandro Aristeguieta, logró que las autoridades clausuraran las casas de encuentros amorosos por estar cercas de la iglesia que él había fundado en 1856.
         Surgió entonces El Retumbo en la zona que después fue llamada  Calle Miscelánea y finalmente Calle Dalla Costa. El Retumbo era en cierto modo un lugar  ruidosamente burdelesco donde la  alta y baja marinería de los barcos fondeados en la arenosa ribera orinoqueña, saciaba su sed de amor a cambio de algunos pesos, florines, dólares francos o esterlinas. No había problemas en cuanto a la nacionalidad de la moneda porque la Casa Blohm más arriba en las casas porticadas, funcionaba como  banco y casa de cambio.
         Entonces el desarrollo urbano hizo que El Retumbo se mudara más hacia el Oriente  con el nombre  de  la Ciudad Perdida. “La ciudad pervertida” quería decir la altiva y muy cristiana familia angostureña. El poeta José Sánchez Negrón me contaba que en su época de niño, cuando su tía-abuela llevándolo de la mano se veía obligada a pasar por sus cercanías, le advertía que no viese hacia ese lugar porque era como entrar en o hacer contacto con lo pecaminoso.
         Ellas eran las golfas, las rameras, las busconas, las hetairas, las heteras, las perdidas, las meretrices, las mundanas, las pendangas, las zorras, las suripantas, las pecadoras, las pelanduscas, las pendangas, las arrastradas, las perendecas, las bagasas, las putas, las prostitutas, en fin, las cortesanas del burdel de Fliliberto, contra las cuales nunca pudieron los sermones disparados desde el púlpito de la Catedral.
         Contra ellas sólo podía de vez en cuando por agosto el Señor de las Aguas. Entonces, goloso, turbio y repleto de mogotes, metía sus lenguas, las inundaba y las hacía damnificadas hasta que satisfecho retornaba a su cauce.
         Pero lo del 43 fue imperdonable. El Orinoco sumergió a la Ciudad Perdida hasta tres metros bajo agua y las alegres mujeres se vieron frustradas al pretender refugiarse en las cubiertas de los barcos. Se dispersaron y fueron a parar unas a los Culíes, otras a los cerros El Zamuro y La Esperanza.  Un número menor de ellas buscaron protección en los cerros El Chivo y el Temblador y al otro lado del río, en Soledad. Se dispersaron hasta que bajasen las aguas y todo volviese a ser como antes: pero, nunca, jamás pudieron retornar por esos lados. 
El Presidente de la Republica Isaías Medina Angarita , luego de aterrizar en el aeropuerto de la Laja de la Llanera en el avión Late-28 que lo trajo de Maracay, ordenó que “Sodoma y Gomorra” fuera destruida y que a nadie se le ocurriese mirar hacia atrás porque estatua de sal se volvería. De manera que acatando la disposición del magistrado, se levantó allí un edificio resaltando en el frontispicio aquella sabia frase de Bolívar en el Congreso de Angostura: “Moral y Luces son nuestras primeras necesidades”.
         Pero la Ciudad Perdida sólo perdió su nombre porque la construcción del Grupo Escolar no fue suficiente para acabar la prostitución en el lugar. Si bien el grueso de la actividad del comercio sexual buscó hacia las afueras lugares más apropiados como El Trocadero, El Vesubio y El Siete, quedaron en las inmediaciones del Grupo Escolar algunos puntos reservados como “El Chupulún”, en donde seguro encontrar a Eduardo Santana y no precisamente moviendo a la Reina del ajedrez.
         Pero el más trascendente fue indudablemente El Trocadero donde nunca faltó la Rockola, ese artefacto parecido a un robot, pero que no es más que el bendito fonógrafo de Edison llevado a una dimensión descomunal para hacerlo automáticamente operable, de largo tablero numerando los discos de moda, como fueron los de Julio Jaramillo, Leo Marín, Lucho Gatica, Toña la Negra, Pedro Vargas y hasta del mismísimo Luis Sarmiento, nacido y crecido en estos patios del merey y la coroba y quien tuvo el privilegio de bautizar su primer disco, un 45, en el Trocadero de Edelmiro Lizardi, donde parecía imperecedero el sonido de la rockola.
         Allí en ese Trocadero que antes estuvo por las inmediaciones de la Bomba Taguapire y que después se reubicó por cuestión de moralidad pública en los alrededores de La Campiña, zona rural donde Alberto Minet fomentó una granja que terminó bajo las aguas desbordadas del río San Rafael, tan tímido en tiempo de sequía como revoltoso  durante la estación de lluvia.
         Bueno, decía, que en ese Trocadero del que se saben y cuentan infinitas historias como la del pintor José Martínez Barrios, celebrado pintor bolivarense que tuvo amigables relaciones con Edelmiro Lizardi, el dueño del famoso Trocadero de Ciudad Bolívar
         Solía recordar en vespertinas tertulias en el quiosco que era de Carlito Hernández, aquel ambiente pintoresco con cuartos de moriche en el fondo, situado en La Campiña.  Por allí pasaron mujeres bellísimas de Maracaibo, Valencia, Upata.  Uno se tomaba una cerveza por real y medio.  El tercio costaba 1,25; dos bolívares la media jarra y tres el botellón.  Allí Martínez tuvo sus primeras incursiones amorosas.
         En ese paraje, el pintor anclado en el claro oscuro de los clásicos, se empató con una merideña bellísima de nombre Juliana.  En ese tiempo Martínez vivía leyendo libros de estética, de preceptiva literaria, filosofía y obras románticas.  Como los actores de cine, buscaba argumentos para su vida, temas que le nutrieran existencialmente.
 En ese Trocadero había una rockola con muchas y variadas canciones de amor y despecho que tragaba más monedas que una moderna máquina de juego.  Al fin, la rockola también es como una máquina lúdica donde bajo la compulsión etílica y  a la luz de una letra o melodía se pone a prueba como en un juego, la sensibilidad para vencer o terminar en el foso de un amor incomprendido.
         Edelmiro administraba y soñaba con la rockola porque también en medio de aquel lupanar él era una abeja con su corazón herido y un buen día, desengañado,  cerró el Trocadero y se metió  a rockolero.  Se fue a comerciar con las rockolas.  Las hacía reparar con el técnico James Hernández, luego las alquilaba, vendía, y hasta suscribió un contrato de distribución con la Wurlitzer a pesar de Pedro Montes que también era del ramo y tenía su establecimiento frente al Café España.  El comercio de las rockolas era bueno y los aparatos sonaban no sólo  en El Vesubio, el Tibiritabara,  la Estrella Roja, el Caballo Negro, La Cibele,  Le Tucan, La Glaciere, la Luzetti y el Club Buena Vista La piscina, sino en un bar tan marginal como el Boby Capó del Barrio Negro Primero, donde los despechados solían llorar los desaires intempestivos de sus amadas, escuchando la voz de Lope Balaguer cantando que falta tu me haces, que falta tan inmensa, o aquella que dice yo quiero que tu vuelvas no pongo condición o el amor es uno, uno y nada más, lo demás humo, humo que se va.
         El periodista Enrique Aristeguieta prefería una rockola del barrio Las Moreas que no aceptaba sino monedas de plata, claro, él no las tenía pero sí la señora dueña del negocio que las  facilitaba con ese propósito a cambio de esas otras que ruedan por allí muy devaluadas.  Allí  junto con Camilo Perfetti quise una vez llevar a Eliécer Calzadilla, amante de las rockolas además de excelente conversador, pero no pasamos del Tropical Room del barrio La Sabanita hasta que llegó la Guardia Nacional y bajó toda la botillería porque, cosa rara en un lugar tan grato, carecía de licencia. 
        




        


martes, 30 de junio de 2015

Morochito Rodríguez en Ciudad Bolívar

Entrevista de Américo Fernández  al Campeón Olímpico Francisco “Morochito” Rodríguez el 17 de diciembre de 1968 para el diario El Nacional
    Morochito Rodríguez en Ciudad Bolívar
No ha Nacido todavía mi sucesor


Ciudad Bolívar, 17. (Especial).
Me ha resultado más fácil entrevistar al Presidente de la Re­pública que al ídolo nacional Francisco Morocho Rodríguez, no obstante que su guardia la de­ja, junto con los guantes, col­gada en el ring. El problema es que a Morochito lo asedian las mujeres y los hombres que ad­miran la reciedumbre de sus pu­ños.
Las mujeres quieren besarlo, que les dé su autógrafo o bailar con él, mientras que los hom­bres sólo quieren estrechar la mano y admirar de muy cerca al "pequeño gigante cumanés".
Desde las cinco y media de la tarde de ayer hasta las once de la noche buscamos el momento más libre y oportuno para llegar hasta el campeón y hacerle algunas preguntas para el perió­dico; sin embargo, cada pre­gunta suelta lanzada tuvo una interrupción aproximada de cin­co minutos. Ni la ayuda gentil de su flamante novia, una linda aeromoza, nos pudo evitar las desesperantes interrupciones.
Al fin, tirado el anzuelo, fui­mos pescando en medio del ase­dio de los circunstantes, en me­dio de la aglomeración, del bullicio de la gente, del ritmo del conjunto que animó la fiesta y del cocktail de camarones que sirvieron de primero en la ce­na.
z —Morocho, ahora que ,has anunciado tu retiro del boxeo, ¿quién crees que será tu susesor?
Piensa y tira con la misma li­gereza de sus puños y atravesan­do la sonrisa de su novia que me separa de él, contesta:
—Realmente creo que todavía no ha nacido mi sucesor. Además, mi 'anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes aconteci­mientos olímpicos.
—Entonces ¿qué es por fin? ¿Te retiras o no te retiras? ¿No será que has sido mal entendi­do cuando quieren decir que no darás el salto al profesional?
Morocho trata de darme unas palmadas en el hombro diciendo:
—Eso es. No quiero ser profe­sional, sino un símbolo, pero no un símbolo estático sino acti­vo dentro del boxeo amateur. No estar peleando a cada rato, sino que me preparare  cuando sea necesario representar a mi país en un evento internacional de importancia. Así se lo he pro­metido a mi madre, quien se mortifica por mí cada vez que me encuentro entre las cuerdas.
—Muy bien, Morocho, ¿pero qué piensa hacer mientras tan­to?
—Pienso trabajar y alternar mi trabajo con un curso, de mecá­nica.
—¿Trabajar qué y dónde-?
 —No sé todavía. Tengo que es­perar hasta enero porque me han hecho muchos ofrecimientos que seguramente no cristalizarán has­ta-esa fecha.
Morocho desvía la atención ha­cia el doctor Francisco Tepedino Albertini, Gobernador Encarga­do, que está sentado a su de­recha, al tiempo que llegan otras personas para saludarlo. Mien­tras tanto el corresponsal habla con la joven morena vestida de blanco que está con la sonrisa fresca sentada al lado del atle­ta.
—Y, usted señorita, perdone, ¿es la novia del Morocho? —Sonríe y de sus labios se desprende un "sí" sugestivo.
Por favor, ¿puede dar su nombre?
—Rosario González. Soy aero­moza de Aeropostal.
—¿Es imprudente preguntarle la edad?
No. Tengo 21 años.
—¿Tiene mucho tiempo cono­ciendo al Morocho?
Desde que somos novios. Ha­ce creo que tres meses. Nos cono­cimos durante el vuelo 3118 Mai­quetía -C umaná-Porlamar.
El Morocho se da cuenta de la conversación y sentencia a su prometida con una mirada.
Estoy conociendo a tu novia, Morocho.
Mi novia! dice el Morocho fingiendo una sorpresa tímida. Luego hace un gesto basculante con la mano y agrega: —ahí, ahí. Rosario no se disgusta y el corresponsal prosigue las pre­guntas al campeón.
¿A quién le debes el título que ahora posees?
—A nadie. A mi mismo. A mí dedicación y esfuerzo.
—¿Quién ha sido tu mejor con­sejero?
—No lo conozco.
—¿Qué opinas del deporte en Venezuela?
—En términos generales es bueno, destacándose más el bo­xeo. El boxeo está dando valo­res que si se orientan bien, se cuidan y conservan, darán mu­chas glorias a Venezuela.
—¿Cuál es tu lado flaco en el boxeo?
—No ha sido descubierto todavía
-Tu mayor dificultad durante las Olimpíadas?
—Haber tenido que pasar cinco días de hambre tratando de rebajar cinco kilos de peso.
—¿Que piensas de Ciudad Bolívar?
—Es una ciudad muy linda y de gente acogedora. Estoy agra­decido de sus tributos y me con­suela saber que la primera vez que vine a una exhibición fui objeto también de una mani­festación de aprecio que ahora se ha multiplicado. Creo que la próxima vez me sentiré más pe­queño de lo que soy ante la gran­deza del corazón de este pueblo.
—Perdóname, Morocho, que te haga esta pregunta; pero veo en mi contacto diario con la ciu­dadanía que ella está interesada en saber ¿por quién vas a votar?
Morocho hizo un movimiento de desagrado con la cabeza y respondió:
—Nunca he sido político. Estoy conociendo eso ahora. Eres el primer periodista que me hace esa pregunta,
Y Morocho, visiblemente dis­gustado, aunque se concilió des­pués con el periodista, cortó la entrevista definitivamente y se fue a bailar con una linda jo­vencita que lo invitó sin pedir la anuencia de su novia.