jueves, 4 de enero de 2018

Enmantillado y en un cementerio nació Andrés Velásquez


Andrés Velásquez nació sobre una tumba del viejo cementerio de Puerto La Cruz, el décimo día de noviembre del 53, bajo la regencia de Plutón, dios de los muertos ¡Qué casualidad!  entre escorpiones que hicieron mutis para que pudiera actuar la Comadrona partera que entonces perseguían las onzas del perezjime­nisino. La Seguridad Nacional no creía en brujos, curanderos ni comadronas, Los perse­guía a palo limpio.
Sobre aquella loza lapidaria nació el niño y su primer vagido fue como un ensayo para despertar a los que permanecen dormidos, ajenos a toda realidad substancial. Y hay algo más de aquel acontecimiento impregnado de húmedo salitre y es que el niño nació "eninanti­liado" vale decir, con una especie de túnica que le cubría la cara. Membrana como una capa que según los científicos viene dada por la secreción que se da en el canal vaginal después que el feto abandona el saco amniótico, pero que la creencia popular le atribuye mágica excepcionalidad en cuanto que da suerte en la vida, especialmente cuando la dicha membrana es arrojada después al mar.
Porque nació enmantillado sus partidarios  creen que Andrés Velásquez, dará más de una sorpresa, aunque se dice que él se siente ennantillado al revés porque es mucha la borrasca que lo ha estremecido desde entonces. Puerto La Cruz, Cantaura, Anaco, El Tigrito y , el campo petrolero de Merecuán son testigos de una infancia llena de avatares. Después de nuevo la ciudad del mar vio emerger su adolescencia entre textos de electrotecnia pues quería ser electricista como aquellos hombres magros y curtidos de su pueblo que se deslizaban como arañas entre las redes del alumbrado público. El quería subir esos postes que termi­naban en cruces y mirar el cielo desde lo alto, sentir el relámpago y el trueno en medio de la tempestad.
No pudo continuar estudiando electricidad en la Escuela Técnica de Puerto La Cruz, porque !ido directivo del Centro de Estudiantes lo ó el "Darlings" de la política y ya mas nunca bajó la fiebre. Todo comenzó cuando en la escuela Técnica de Los Chaguarainos en Cara­cas la policía dió muerte al estudiante Mendoza ti. Recuerda que había resistencia para salir la calle a protestar y él con un cachete 'anestesiado tras haberle extraído una pieza el odontólogo en la misma Escuela, arengó al estudiantado y como Enrique Caruso en Nueva York cantando "L Judía" la boca se le llenó de Isangre y su grito y la sangre caldearon los ánimos y pronto en la calle estalló la tempestad.

Siendo directivo del Centro de Estudiantes lo extrañaron por agitador a raíz de la muerte de Mendoza Rati, estudiante de la ETI de Caracas. Le dieron oportunidad de poder continuar los estudios en la de San Félix de Guayana, pero de allí igualmente lo expulsaron y debió proseguir en la ETI de Cumaná, donde corrió la misma suerte a causa de El Tábano, un travieso periodiquito que le zumbaba en las sienes al Director. Al final lo quedó sino la alternativa de ponerse a trabajar para no estar de ocioso y apaciguar la mortificación paternal.
         Empezó trabajando como obrero en la Fábrica de Cemento de Pertigalete y allí su jefe inmediato lo sorprendió al poco tiempo con hojas clandestinas. San Félix de Guayana fue de nuevo su destino para graduarse, ya no de electricista, sino de Luchador Social en la Planta Siderúrgica de Matanzas, cuando apenas tenía 19 años (1972).
         Empezó trabajando en los muelles de la Planta y al cabo de cinco meses le impusieron como castigo trabajar en la Fábrica de Tubos que es área más fuerte, casi infernal de Sidor. La falta virtual había sido su intervención en El Portón (1974) a favor de la Plancha de Movimiento Matancero que revertirá luego en lo que es  La Causa R.   
. De suerte que el adagio según el cual "no hay mal que por bien no venga" se hizo verdad con ese movimiento que logró unir los trabajadores en torno a una bien definida propuesta de lucha a favor del bienestar y seguridad que está obligado para ellos la empresa del estado venezolano. Ese movimiento matancero que después fue la Causa-R, lo llevó a la presidencia de Sindicato Único de Trabajado­res de la Industria Siderúrgica y Similares (SUTISS) el 23 de noviembre de 1979 con un triunfo electoral realmente aplastante que humi­lló en forma imperdonable a todos los partidos representados en varias planchas. El Expreso de la Tarde tituló asi: "Arrasó Causa-R, en Sutiss. Andrés Velásquez nuevo líder de los sidoristas. La Plancha de los Matanceros-Causa R había garantizado esta mañana 7 de los once cargos directivos".
El disgusto de Fetrametal, la CTV y Fetrabolí­var, fue palpable. Ni un solo representante de ellos asistió a la toma de posesión el 10 de diciembre como hasta entonces había sido habitual y obligatorio tratándose de un proceso honesto y democrático. Comenzaba la guerra que tenia corno objetivo estrangular al naciente movimiento. Es lo que cuenta Andrés Velásquez en el libro biográfico que le escribió Farruco en forma de entrevista, publicado el año pasado por Ediciones Agua Mansa y bautizado recientemen­te en la Galería Bicentenaria.
Se hilaron las provocaciones dentro de un siniestro juego montado por Fetrametal en convivencia con quienes desde entonces han manejado la Planta Siderúrgica y a pesar de que nunca se cayó en tales provocaciones se conjugaron los intereses de los partidos despla­zados y quienes controlan Fetrametal desde "tiempo inmemorial" lograron lo que preten­dían, arrebatarles la discusión y decisión del Contrato colectivo de trabajo y firmarlo, no a la medida de las aspiraciones de los trabajadores sino a la medida de los intereses de la empresa. Un contrato al fin que no reflejaba los plantea­mientos fundamentales, entre ellos, la reducción a 40 horas de la semana de trabajo.       ,
Tras la firma del contrato, amparada por un Referendum al final amañado pues solo votaron 92 de los 17 mil obreros de la planta, vino la intervención de la Directiva del Sindicato en noviembre del 81. todavía continúa intervenido porque siempre han temido que unas nuevas elecciones libérrimas, por supuesto, ponga el sindicato en manos de los matanceros.
Cuenta Velásquez en el libro de Farruco que Ildefonso Díaz, miembro del Directorio de la Siderúrgica, encabezaba la Junta Interventora del Sindicato. Así estaban las cosas. "Entonces el movimiento esperaba que nosotros lanzase­mos un conflicto. Pero era diciembre, sabíamos lo que había por delante, y conocimos que se queda aprovechar la oportunidad para quebrar­le la cabeza o el espinazo a ese movimiento tan interesante. Y los obreros siempre nos habían dicho: "Compañeros, nada de huelga". Los representantes del GAR, de la Liga, del CLP y un mirista quinta columna, aspiraban a que -fuése- mos a un conflicto. No quisimos. Si había un precio que pagar lo pagaríamos nosotros, no quisimos arriesgar el movimiento. Así fueron las cosas. Hubo por un tiempo dos juntas, la interventora y la de nosotros, la impuesta por las mafias sindicales y la electa legítimamente por los trabajadores. Un día el presidente de Sidor, Guillermo Briceño, clausuró con soldadura la entrada al Sindicato, nos secuestraron lo que teníamos adentro. Al poco tiempo nos llamó a trabajar. Algún directivo no quiso ir, pero nosotros pensamos que el hecho de ir a trabajar no menoscaba nuestra condición de dirigente. Una vez más tomamos aquello que venía como un castigo y lo convertíamos en un factor de utilidad, de manera tal que con el trabajo podíamos tener una relación más directa con el movimiento...y la gente encantada, porque yo salía de mi trabajo y diariamente se organizaba un acto en el Portón y hablábamos Tello y yo. Salíamos a las tres de la tarde de nuestro turno de trabajo y nos quedábamos en el Portón atendiendo los reclamos sindicales. Seguíamos funcionando como sindicato sin sede, allí en el Portón de la Siderúrgica. Y bueno, ya esta gente viendo que tampoco por esa vía podía con nosotros, tomaron finalmente la decisión de despedirnos de manera ilegal, que es el litigio que presentarnos ante la Corte Suprema de Justicia".
Por detrás de ese movimiento matancero estuvo siempre presente la figura de Alfredo Maneiro de quien nunca Andrés Velásquez aprendió lo suficiente porque creía que sería longevo para terminar de aprender todo lo que le falta. Alfredo fue el mentor, el artífice, el pensamiento activo, cautivador y distinto, quien lo fue modelando a su imagen y semejanza. Hechura de Alfredo Maneiro puede decir Andrés Velásquez que es. Alfredo, un ex-comandante guerrillero que bajó de la montaña convencido de su error y que luego abandonó las filas del PCV, que estuvo como tantos otros acariciando el proyecto original del MAS para terminar fundando lo que fue inicialmente "Venezuela 83" y luego Causa-R, era filósofo y profesor en la Escuela de Periodismo de la UCV, un hombre extraordinariamente sencillo, tolerante, de gran calidad y calidez humanas, dotado de una magia especial para ganarse a la gente, excelente expositor, recio y duro en la polémica, prepara­do- para sortear los más difíciles momentos. Alfredo Maneiro sentía ainor muy especial por Guayana y sostenia siempre que "la primera tarea de la clase obrera venezolana era comen­zar reconociendo a la clase obrera de Guayana corno vanguardia y, de Guayana especialmente, a los trabajadores siderúrgicos".
No pudo Alfredo ver su obra concluida, sino apenas comenzando, dando los primeros pasos, porque murió a poco tiempo de las elecciones del 83. Su muerte resultó un duro golpe para la organización y Jorge Olavarría que debía ser el candidato presidencial, renunció a menos de un mes antes de que se venciera el plazo para presentar a los candidatos ante el Consejo Supremo Electoral. De suerte que la Causa-R decidió elegir en medio de la emergencia un candidato propio y designó a Andrés Velásquez, un trabajador de 30 años de edad, el candidato más joven de toda la historia, sin experiencia en esas lides, sin ninguna posibilidad, pero que demostró ser en el trayecto de la campaña un digno representante de los obreros. Recorrió a Venezuela en autobús y si alguna vez viajó en avión fue porque el General Alvarez Seria le regaló los pasajes. Recuerda él que luego de un programa televisivo, sus entrevistadores Sofía y Carlos Rangel lo vieron empujando el destarta­lado Volskwagen que le habían prestado y ella, Sofía, le gritó desde su Mercedes Benz: "Empu­je candidato" y el candidato no sólo empujó y pujó sino que asustó. Por lo menos en Ciudad Guayana asustó a todos los partidos, incluyendo a AD, quien todavía no ha podido responder inteligentemente a esa interrogante que es la Causa-R.



miércoles, 18 de octubre de 2017

Las Dobles Costas del Orinoco (Clic para leer reportaje)



ARUCAS SUS  PRIMEROS HABITANTES
Descendientes de los Tupi, vinieron del Sur de la América Meridional hace 17 mil años cuando el Orinoco había terminado su declinación desde el abra de los canales Unare-Tuy-Naricual y quedado recostado sobre la roca cristalina del Escudo Guayanés.

Américo Fernández



(Reportaje publicado  e n la edición aniversaria del Diario "La Costa" el 5 de marzo de 2012=

        Ayer cuando subía por la única calle de piedra que conduce hasta la plaza mayor, me detuve a conversar con Cruz María Rivero que protegido por una ancha sombrilla multicolor, ofrecía jugo de naranja a los transeúntes. 
Siempre me llamó la atención este personaje, no por la forma como se gana la vida, sino por sus rasgos fisonómicos un tanto emparentados con etnias peruanas o paraguayas,  Sin embargo, él me aclaró que es criollito de Ciudad Bolívar, pero que su madre era una india guaraúna nacida en las costas del Delta del Orinoco.
        Esta apreciación, accidentalmente curiosa, me llevó inmediatamente al historiador Lino Duarte Level, quien sostiene que  los Arucas, primeros habitantes de las costas del Orinoco y otros ríos, eran descendientes de los Tupi.

La etnia Tupi
Los Tupi es uno de los principales grupos étnicos de los indígenas brasileños, junto a los guaraníes, con los que están relacionados. Originariamente, habitaron la selva amazónica, y posteriormente se expandieron hacia el sur y gradualmente ocuparon la costa atlántica. Los descendientes de estas tribus viven hoy en día confinados en reservas indígenas o han asimilado en algún grado la cultura de la sociedad dominante.
La etnia tupí habitaba casi toda la costa de Brasil y la selva amazónica cuando llegaron los portugueses. A pesar de que eran un único grupo étnico con una lengua común, los tupís estaban divididos en varias tribus enfrentadas constantemente en guerras unas contra otras.
Los guaraníes son una nación diferente, habitantes del sur de Brasil, Uruguay, Paraguay  y el norte de Argentina que hablan la lengua guaraní. Éste es otro idioma que se considera parte del mismo grupo que el tupí.

 Arucas y Caribes
Lino Duarte Level, historiador nacido en Angostura el siglo diecinueve, sostiene que los Arucas, descendientes de la raza de los tupíes, indígenas del Sur de la América Meridional, fueron los primeros pobladores de Guayana y también los inventores de la hamaca, los propagadores del cultivo del tabaco y del maíz. Se dedicaron a la cerámica y canjeaban sus productos con otras tribus. 
Después de los Arucas vino del mismo sur la raza Caribe que invadió las Antillas desde Venezuela y no al contrario como algunos investigadores afirman. Los Caribes que en un comienzo fueron sometidos por los Arucas, se sublevaron y al final se reafirmaron como raza más fuerte.
Los tupíes, los arucas y los caribe, pertenecen a un mismo grupo lingüístico, aunque con variedad somatológica debida a las circunstancias de estar ampliamente diseminados.

El Orinoco pre-cretácico
Cuando los arucas llegaron a Guayana, ya el Orinoco hacía 17 mil años que se había situado donde geográficamente se halla actualmente.  Porque el Orinoco no era el mismo de la trayectoria y cauce de hoy. Es decir, en el período pre-cretácico, hasta 3.500 millones de años atrás no se sabía cómo corría el Orinoco sobre la tierra positiva formada por el Escudo guayanés-brasilero que era lo único que existía de la América del Sur.
Los geólogos J. N. Perfetti y José Herrero Noguerol, propusieron en el VI Congreso Geológico Venezolano la idea especulativa de que el Orinoco entonces ha podido ser el mismo Río Guaviare con salida Sur-Norte hacia el borde del Escudo al que después se agregó el Río Meta que en copiosa correntía bajaba de la formación cordillera cuando ésta emergía en pleno período terciario y el mar se retiraba a medida que la sedimentación iba tomando cuerpo.
Podría decirse entonces que el Orinoco del período terciario –dos millones de años- divagaba desde su punto de confluencia con el Meta por y a lo largo de la depresión del actual Río Unare, hasta desembocar en el Mar de las Antillas por las abras de los canales Unare-Tuy-Naricual.
Pues bien, en época más reciente –un millón de años- y a causa de una serie de fenómenos estructurales y geomorfológicos, el Orinoco comenzaría a declinar, como el minutero de un reloj, desde la desembocadura del Unare hasta lo que es hoy el Delta. En esa etapa de todo un proceso tormentoso, el Río Padre entró en reposo al encontrar su cauce actual, recostado sobre las rocas cristalinas del Escudo guayanés. Esto hace suponer, que el Orinoco moderno, el de la línea sinuosa descendente que va de Caicara hasta el Delta, debe tener entre 10 y 17 mil años aproximadamente, la misma edad que se dice tiene la aparición de los primeros habitantes de Guayana.

Colón primero en observar costas del Orinoco
El Almirante Cristóbal Colón fue el primero en observar y contemplar las costas del estuario del Orinoco.  Ocurrió el 2 de agosto de 1498 en el tercero de un total de cuatro viajes realizados para descubrir el nuevo mundo.
Luego de larga y penosa travesía iniciada el 30 de mayo desde la villa de San Lúcar, el marino Alonso Pérez se subió a la gavia el mares 31 de julio y anunció que desde la cofia del mastelero veía tierra (era la Isla de Trinidad), lo cual provocó una explosión de alegría y por consiguiente de “Salve Regina” rezada por toda la tripulación.
El Almirante enrumbó sus tres naves en esa dirección a donde, según dice en carta enviada a los Reyes Católicos “Llegué a hora de completas a un cabo a que dije de la Galea después de haber nombrado a la isla de la Trinidad, y allí hubiera muy buen puesto si fuera hondo. Allí tomé una pipa de agua, y con ella anduve ansi hasta llegar al cabo,  y allí hallé abrigo de Levante y buen fondo y así mandé seguir y adobar la vasija y tomar agua y leña y descender la gente a descansar de tanto tiempo que andaba penando”.
Colón navegó toda la desembocadura del Orinoco, desde Boca de Serpiente hasta la Boca del Dragón, inmerso en el inusitado asombro que le producía el ruido espantoso de las aguas, de la pelea incesante entre el agua dulce y la salada, de las hileras encrespadas de las corrientes y de un río inconmensurable que parecía venir del infinito.
Aquel espacio como un lago entre las costas orientales del Delta y las costas occidentales de Trinidad, lo navegó cautelosamente, excitado y abrumado por las reflexiones místicas que le suscitaba el inefable paisaje natural. Quería tal vez que las ninfas de las aguas o las driadas de los manglares le aclararan sus auscultaciones: “grandes indicios son estos del Paraíso terrenal escribía- porque sitio es conforme a la opinión de santos teólogos, y así mismo las señales son muy conformes que yo jamás leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce fuese así e vecina con la salada; y de ello ayuda la suavísima temperancia, y si de allí del Paraíso no sale, parece aún mayor maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de río grande y tan fondo”.     El misterioso Almirante, con sus reacciones sensoperceptivas se aproximaba inconscientemente a la verdad mitológica de los aborígenes que crían aquellos de verdad como el Paraíso. Un Paraíso donde aún no anidaba el infierno de la Manigua que atrae y devora a los afiebrados buscadores de oro.
Después del Almirante Cristóbal Colón en 1499, pasaron frene al litoral guayanés el castellano Alonso de Ojeda y el florentino Américo Vespucio, al año siguiente y en 1500 el andaluz Vicente Yánez Pinsón que lo bautizó como “Río Dulce”..

Primeros exploradores de las costas
Vistas la primera vez las costas de la desembocadura del Orinoco por estos expedicionarios hispanos que seguían la ruta de Colón, comenzaron las exploraciones,  dieciséis años después con el piloto Juan Bono de Quejo, quien llegó hasta el hoy pueblo de Barrancas en busca de indios para venderlos como esclavo a los buscadores de perlas de Nueva Cádiz.  Él se hallaba en el Nuevo Mundo desde la conquista de México por Hernán Cortés y cuando decidió penetrar  la desembocadura del Orinoco, era titular de repartimientos en Cuba y Puerto Rico
        Siguiendo la estela de sus barcos vino después, ya en 1532, Diego de Ordaz, también compañero de Hernán Cortés, pero mejor afianzado y preparado para la exploración.  No venía con la intención de esclavizar Arucas del estuario orinoquense, sino de encontrar el Paraíso Terrenal presentido de Colón donde suponía como en todo paraíso, la existencia de ónice y oro.
Si así lo decía y dejaba en su diario de abordo registrado el Almirante Cristóbal Colón, que piezas de oro colgaban del pescuezo de los primitivos habitantes de aquellas tierras continentales,  y lo mismo que el oro las perlas relumbrando en sus brazos, entonces de verdad que podía ser el Paraíso Terrenal y fue este decir lo que deslumbró a Diego de Ordaz cuando hallándose junto con Hernán Cortés conquistando la tierra de los aztecas, renunció a todo cuanto había obtenido para navegar hacia el Sur en busca de las fuentes prístinas del gran río de las confluencias a pesar de los temores que le infundían, pero ¿si él había coronado el fuego volcánico del  Popocatepetl, cómo no acometer esa empresa donde sólo había que luchar contra las masas de  aguas empujando hacia el mar y los gnomos que guardan sus riquezas?
Con el bauprés de sus barcas rompió la virginidad del río, pero a costa de mucha sangre indígena y de su propia tripulación que al final quedó diezmada por las flechas de las cuales pudo escapar gracias a que según su creencia estaba protegido por el cordón de la Orden de Santiago.  Pero si no se lo tragó el cráter encendido del Popocatepetl ni los pailones del Orinoco, terminó irremisiblemente lanzado en el océano después de morir repentinamente ¿envenenado? cuando junto con su contrincante Pedro Ortiz de Matienzo, Justicia Mayor de Cubagua, se dirigía a España a terminar de dirimir sus diferencias, pues éste lo acusaba de incursionar en esos predios de su jurisdicción que no pudo resolver la Audiencia de Santo Domingo.
Exactamente,  la capitulación de conquista sólo facultaba a Diego de Ordaz para explorar y poblar desde el Marañón (Amazonas) hasta Macarapana (Estado Sucre) en tierra continental, por lo tanto no podía abarcar Nueva Cádiz (Cubagua) donde abundaban las perlas que Colón había visto deslumbrar en los brazos de los mancebos primitivos del supuesto Paraíso Terrenal.
Diego de Ordaz sepultado en el mar tenebroso no pudo volver a España para reencontrarse con Castroverde de Campos (Zamora) donde nació hacia 1480. Él que había acompañó a Alonso de Ojeda en su viaje a Cartagena de Indias (1509), que estuvo también con Juan de la Cosa, a quien vio morir atravesado por una flecha envenenada, en fin con Diego Velázquez de Cuéllar en Cuba (1515) y con Hernán Cortés en México, terminaba su vida de manera tan trágica.
Provisto de la capitulación con la cual soñaba entrar al Paraíso Terrenal de Colón, había salido de Sanlúcar el 20 de octubre de 1530, pero ya vemos cuál fue su suerte. De esta temeraria expedición sólo le quedó el mérito histórico de haber sido el fundador de San Miguel de Paria (1531) y de ser el primer europeo en remontar el río Orinoco (23 de junio), llegando hasta la confluencia con el río Meta.
Lo sustituyó en su afán, Alonso de Herrera, quien si bien es cierto remontó el río más allá del punto anterior, no pudo, sin embargo,  retornar porque a este si es verdad que se lo tragaron los pailones después de haber sido traspasado por siete flechas ungidas con curare.
La tercera expedición a lo largo del río la hizo el segoviano Antonio de Berrío,  al revés, es decir, no desde el Delta sino desde el Meta, pero en vez de encontrar ónice y oro como pretendía el Comendador de la orden de Santiago, encontró mala fortuna pues lo perdió todo, 100 mil pesos en oro que su noble mujer María de Oruña había heredado de su tío Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador del Reino de Granada; pero por lo menos le dejó a las tribus de Morequiito una ciudad que todavía perdura a la orilla del río, aunque no con el primigenio nombre de Santo Tomás, apóstol de su devoción, sino con el del otro, el apóstol de la libertad.

Amalivac creador del Orinoco
Detrás de Antonio de Berrío vinieron los misioneros a catequizar a los primitivos pobladores de las costas del Orinoco, entre ellos, el jesuita italiano Felipe Gilij, quien narra en sus memorias el mito de Amalivac dentro de la singular cosmogonía de aquellos habitantes –los Tamanacos- de filiación Caribe
        Colón especulando a la luz de su misticismo cristiano había  confundido con el Paraíso terrenal lo que vislumbraba más allá de las costas del estuario orinoquense  y no estaba muy distante de la verdad aborigen que creía vivir en un paisaje edénico creado por su héroe cultural Amalivac, creador, por lo tanto, del Orinoco después del Diluvio al que sólo sobrevivió una pareja aborigen  que después que descendieron las aguas, sembró el Moriche o Árbol de la vida.
Amalivac, dios enigmático, de contextura atlética suavizada por frondosa barba y cabellera blanca, casi del mismo color de su túnica, les dijo ser su padre y haberlos salvado para asegurar la permanencia de la vida humana sobre la tierra. Por ese motivo los invitó a crecer y multiplicarse y cuando se despidió de ellos las aguas comenzaron a descender.
Después de un tiempo largo, Amalivac regresó en compañía de su hermano Vocci y dos hijas, con el propósito de perfeccionar la vida en la tierra. Fue cuando concibió la idea de crear al Orinoco para que la floreciente nación pudiera comunicarse con toda la Geografía.
Cuando llegó ese día, los hermanos se consultaron largamente, pues aspiraban los Tamanacos que fuese creado el Orinoco de tal manera que se pudiera remar sin esfuerzo tanto a favor de la corriente aguas abajo como aguas arriba, a fin de que los remeros no se cansaran en el curso de la navegación; pero, no fue posible, Amalivac quería poner a prueba el ingenio de los Tamanacos y todo no se les podía servir en bandeja de plata. Entonces, dice la leyenda, habría sido cuando comenzó a materializarse la navegación a vela aprovechando el recurso del viento.
        Se prolongaba el tiempo de permanencia y las hijas de Amalivac deseosas de regresar, fastidiaron hasta más no poder al padre hasta que éste las sentenció a quedarse allí para siempre con las piernas inutilizadas para que no pudieran abandonar nunca el lugar, pero sin afectar su fertilidad o capacidad de procreación pues quería Amalivac que ellas contribuyesen a la multiplicación de la raza tamanaca y como depositarias que eran de la sabiduría de su padre, la transmitieran a sus hijos en procura de la felicidad.
        Amalivac vivió entre los Tamanacos largo tiempo en el sitio denominado Maitata, justamente en la gruta existente en lo alto de un cerro llamado Amalivacá Yeutitpe. Su tambor “Amalivacá Chamburai”, era una piedra en el camino de Maitata.
        Un día Amalivacá o Amalivac decidió regresar al otro lado del mar de donde había venido y ya listo en su canoa para el largo viaje, quiso obsequiarle a su pueblo vida eterna con estas solemnes palabras: “Uopicachetpe mapicatechi”, que para los tamanacos significaba que tendrían una vida eterna, tan sólo modificada por el cambio de la piel, tal como ocurre a los grillos y a las sierpes. Más, cuando una anciana de gran influencia sobre su estirpe, escuchó la sentencia sagrada, incrédula se burló del dios y éste indignado rectificó diciendo “pues entonces habrán de morir” (mattageptechi).
        Desde aquel momento, los Tamanacos atribuían la culpabilidad de su finitud a la abuela incrédula que pretendió burlarse de Amalivacá. Amalivacá zarpó en la canoa y dejó sembrada en su nación preferida el presentimiento de que volvería. Pero no volvió y cuando el misionero Felipe Salvador Gilij, a mediados del siglo XVIII, visitó las costas de Caicara del Orinoco (Municipio Cedeño) sólo quedaban 125 individuos de una población más numerosa que se deduce fue diezmada por las epidemias y las guerras.
        Carapaica, su cacique o gobernante, dijo al misionero cuando le propuso trasladarlos a la Misión de la Encaramada, cerca de la Urbana: “Todos somos hijos de uno y aunque tenemos colores diversos, descendemos de un solo hombre. El sol abrasador, las fatigas y la penosa vida nos han disminuido. Somos ya humo blanco, blanco, como el vestido de Amalivacá”.
Amalivac se fue y no volvió en persona sino a través de sus dos hijas que se multiplicaron en interminables generaciones que fueron poblando las costas del Orinoco desde su propio Delta hasta más allá  del Atabapo. 

Surgimiento de los pueblos costeros
Así fueron surgiendo los actuales Puertos de Pedernales,  a la entrada del muy transitado cabo de su nombre; Tucupita, capital del estado Delta Amacuro, se inició con tres viviendas y hoy tiene 50 mil habitantes; San Rafael de Barrancas, la población más antigua de Venezuela;  Ciudad Guayana, integrada por San Félix y Puerto Ordaz, asiento de la industria minera y energética y la más poblada de Guayana; Ciudad Bolívar, capital del Estado y la más vinculada al Orinoco desde el punto de vista histórico; Nuestra Señora de la Soledad, conforma con Ciudad Bolívar la Angostura del Orinoco;  Moitaco (Real Corona),  Mapire, en jurisdicción de Anzoátegui;  Las Bonitas (Ciudad Real),  Parmana, refugio de negros rebeldes; Caicara del Orinoco,  a 18.5 kilómetros frente a  Nuestra Señora del Socorro de Cabruta; prácticamente el ombligo de Venezuela;  La Urbana, el pueblo más antiguo del Estado Bolívar (1731);  Puerto Páez, en la confluencia del Meta y  Orinoco; Puerto Ayacucho, Capital del Estado Amazonas; y San Francisco de Atabapo que fue capital del Territorio Amazonas hasta 1928,. Justamente donde el Orinoco confluye con los ríos Atabapo y el Guaviare y, por último, aunque fue el primero, el pueblo Warauno donde nació la indígena madre del vendedor de jugos en una de la subida  de piedra que comunica con la Plaza Mayor de Ciudad Bolívar.
         









domingo, 15 de octubre de 2017

CARLOS TOMEDES Músico y cantor de Guayana



-Américo Fernández-

Carlos Tomedes vivió más de 80 años y se adelantó a prolongar su existencia con seis hijos legítimos y cuatro naturales reconocidos, aunque las ma­las lenguas aseveran que son más los frutos de sus andan­zas y se fundan para lo dicho en lo bien parecido y corte­jador que fue el viejo durante su más agitado tiempo de incansable cantor de coplas como Florentino, por el Llano y por el Río, sólo con su voz arreando bece­rros por la sabana o en el timón de algún barco orino­queño y más de las veces contrapunteando en el jolgorio de un amigo o en la fiesta de un orondo ricachón.
Su vena de trovador le venía a Carlos Tomedes por el cos­tado de la música. Su padre Miguel Denti, el mismo pa­dre del cuatrista Nicanor Santamaría, era oriundo de Italia y un auténtico profesional de la música, Director de aquella otrora famosa Banda Pública de Ciudad Bolívar cuyos componentes vestían de gala con uniformes importados de Florencia
Si Tomedes hubiera tenido Escuela habría sido todo un artista popular en vez de  pulpero en uno de los barrios más pobres y estrechos de la capital, un clásico compositor o poeta de profundidad como lo fue­ron sus antecesores por la línea de su Padre.
Cuando lo entrevistamos en abril de 1973, Car­los Tomedes tenía poco me­nos de la mitad de la edad de Ciudad Bolívar, y sin embargo, lo veíamos en su bodega del Barrio "El Cam­bao" con una agilidad física y mental que desearían te­ner muchos jóvenes de hoy marcados por los cambios de una civilización viciada por las drogas, la publicidad alienante y la liberación sin término ni medida.
Por referencia y por ob­servación personal conocía­mos de antemano al viejo Tomedes y se nos ocurrió pocos días antes de la Sema­na Santa, hablar con él mien­tras despachaba detrás de su mostrador.
Las preguntas y respues­tas transcurrieron así, en forma cordial y pintoresca, casi siempre versando  sus respuestas:
¿Quién, amigo Tomedes,  es el culpable de que sea usted músico y cantor? fue nuestra primera pregunta de una entrevista para la revista “Paralelo 8”  de Puerto Ordaz.
De ser músico y cantor no se me culpe de nada por­que eso viene de una heren­cia de familia y se ha quedado en nuestros cuerpos con sangre de ellos grabada. El ser poeta no se pega como se pega la sarna y' el que se muera de envi­dia puede probarlo, pues la ciencia de los Cupidos y de los Minervas no se ha terminando de entender que los Tomedes pertenecen a esa rama, que todos somos de sangre noble y en buen pozo derramada porque don José María Cupido de mi abuelita era hermano y la ciencia de los Minerva todos la hemos heredado y por eso somos, sin más remedio poetas re­conocidos y cantores reco­mendados.
Pero he sabido que antes que Poeta era usted navegan­te?
Ay, hermano, cada vez que veo un barco no sabe cuánto me aguanto para no reventar el llanto que cuando fui marino yo navegué tanto y tanto que mientras más rugían las olas más se animaba mi canto y ahora que he llegado a viejo, que ya navegar no puedo, me he convertido en poeta y tam­bién, ya lo vez, en este tra­jín de pulpero.
Se siente, de veras, vie­jo don Tomedes?
—Estoy viejo, pero siem­pre como el torero con mi par de banderillas que han causado maravillas y aplau­sos en el mundo entero, yo soy el poeta llanero que na­ció en Ciudad Bolívar.
Dicen en su barrio que es usted un guardián inso­portable de sus hijos?
Mis hijos ya  tienen vida propia y es verdad que cuan­do eran pollos y tenían las alas tiernas andaba yo siem­pre cubriéndole las espaldas previendo que en este mundo
de ahora pudieran meterle un gallo con la espuela envene­nada y que a estos muchachos sin malicia me los mataran en la raya.
También se ha dicho en su barrio de lo cortejador que era usted en sus tiem­pos mozos?
Ah, caray, cuando veía una muchacha bonita, en las puertas de los ojos me baila­bá' las paraparas. Ahora que soy viejo sólo advierto con un consejo que ya es tiempo de que me manden las mu­chachas a mi cama buscando que les haga músicos y poetas predispuestos a la fama por­que estas artes no se pegan así nomás como se pegan las sarnas. Eso es asunto de herencia y valga la expresión para recordar que soy hijo de un italiano director de banda, en una venezolana. Mis bisabuelos eran poetas y yo desciendo de esa cepa y ade­más soy nacido en Guayana.
Cree usted,que todo tiempo pasado fue me­jor?
—Ay, mijo, tiempos que se van no vuelven y si vuelven no los quiero porque jamás podrán ser como los tiempos primeros y al decirlo, es la verdad, entonces si había dinero, había la morocota y la media morocota que so­naba tan bonita cuando caía en el suelo. La moneda de hoy en cambio es un puro papeleo que no aguanta un aguacero. Cómo gozaban los
hombres de aquellos tiempos primeros. Por cualquier mo­tivo celebraban una fiesta, mataban un becerro y venían las damas con trajes de se­da que arrastraban por el suelo porque era delicadísi­mo a muchachas de aquel tiempo dejarse ver el pellejo y los hombres bailaban de aquí me voy y me vengo y a la media noche gritaban: "arpa que nos brinda el pue­blo!".
Cómo se bailaba antes?
Le digo con franqueza, señor, que si la gente de aquellos tiempos resucitara seguro que volvería a morir enseguida viendo al mundo como está moderno pero in­moral. Antes para bailar era a punta de pañuelo, a no dejarse tocar. Hoy es todo lo contrario, no sólo se agarran las manos sino que bailan cachete y cachete.
En esta época entonces su mujer y usted no bailan?
—Yo sí pero mi mujer no baila. Pueda que lo llamen celos, pero quien quiera bai­lar abrazado que se vaya a estrechar un jobo. Pueda que bailen mis hijos porque han entrado en la moda, pero nunca mi señora, está pro­hibido, ella no baila. Porque entonces podrían decir para qué valen mis canas viendo que es un solo pelo el que ha tenido tal gala y si me lo dejo arrancar así bien que me mata el frio durmiendo solo en mi cama. Nosotros los casados tenemos que vivir con los ojos bien pelados sin que esto quiera decir que no haya regla sin excepción, que si hay mujeres enamoradas, como no, que frente a frente cara a cara, que defienden con espada su dignidad y ho­nor. Pero esas que escapan a la excepción hay que dar de vez en cuando su cue­razo para que asienten los pasos y para que piensen mejor.  Mi consejo es que hoy el hombre que se case tenga primero un mecate para an­dar con la señora de noche y a toda hora amarrada al cinturón porque hay miles de gatos con hambre viendo dónde está el ratón.. En el juego del amor por azar po­dré, pero nunca por descui­dado, porque siempre tranco con candado al salir de mi portón, cosa de hallar des­nucado al que brinque el pa­redón.
¿Qué opina usted de los partidos?
—Yo le voy a preguntar a quien pueda contestarme: Pa­ra qué tantos Partidos cuan­do hay un solo conocido que es el de un Dios soberano que por él somos cristianos desde el día en que nacimos.
Cree usted en Dios como un ente perfecto?
—Dios con ser Dios tuvo un error. Usted no lo sabe porque eso fue cuando el Di­luvio. El mandó a construir el Arca para salvar a Noe y su familia, pero de todas maneras era la misma se­milla de una humanidad im­perfecta y así tenemos como en el cuento del Burro que sufrir la misma lidia siem­pre el animal tumbando la carga y corcoveando con la silla.
Por lo que veo es usted un hombre de paz?
Yo siempre fui, he sido y moriré siendo hombre de paz. Rechazo el odio y la intriga porque me aleja de Dios y obscurece el porve­nir.
Y para terminar que nos dice de Guayana su tierra?
—Nuestras glorias son sin fin en esta tierra apreciada. Ante todas las naciones tene­mos grandes ventajas, bien de frente o de perfil, ninguna otra se la iguala ni en ri­queza ni en belleza ni en vir­tudes aclaradas.


martes, 19 de septiembre de 2017

Mujeres Guayanesas de Primera

Mujeres guayanesas de primera
Recordamos hoy, Día Internacional de la Mujer que Guayana es cuna de mujeres que dieron el primer paso para romper esquemas sociales dentro los cuales el hombre monopolizaba derechos actualmente compartidos en igualdad de condiciones con el sexo
opuesto.
Américo Fernández

Malvina Rosales Granarolli, destaca como la primera guayanesa que tra­bajó como secretaria en una empresa privada; Mary Calcaño, la primera en pilo­tar un avión en Venezuela; Alida Isaura Gambús, la primera bachiller egresada del Colegio Federal de Varones; Gloria Lezama de Casado, la primera gradua­da de abogado; Sofía Silva Inserri, la primera Miss Venezuela, Lucila Palacios, la primera que ejerció la diplomacia como embaja­dora y María de Lourdes Salóm, la primera graduada de medicina veterinaria en Venezuela.
En 1900, cuando Malvina Rosales Granarolli nació bajo el signo de Aries, Ciudad Bolívar, la tierra cálida de Marcos Vargas, el hombre que desanduvo el progreso para llegar a la barbarie y retornar de nuevo a la civilización a través de su hijo, estaba sembrada de forasteros industriosos y había una actividad de puer­to que desaparecerá des­pués que el petróleo multi­plica las carreteras y el dra­gado del Orinoco que se detiene en Matanzas.
A pesar de la influencia europea, la Ciudad Bolívar de principios de siglo se mantiene fiel al tradiciona­lismo que sujeta a la mujer a una vida doméstica, de recato y de imposible competencia normal del hombre.
Atrapada por esa realidad social, vino al mundo Malvina, la hija de Luis Eduardo Rosales Pachano y Josefa Granarolli Gerald, descendiente de Malvina Gerald Granarolli, una fran­cesa que abandonó los viñe­dos que tenía en Marsella para venir a vivir poco y a morir temprano junto al Orinoco. No resistió esa francesa de veintisiete años el ambiente embriagador del trópico, pero lo que le restó por vivir se acreditó con creces en la longevidad de su hija huérfana que murió a los 90 años.
           Esa longevidad la heredó Malvina (Malva) Rosales quien sobrevivió a sus cuatro hermanos hasta un poco más allá de los ochenta.
De muy joven intuyó que la fatalidad iría desgranando la unidad familiar y se adelantó a los tiempos que le darán la razón que para su edad temprana parecía no tener cuando se puso a la par del hombre reclamando derechos negados a la mujer.
Comprendió que con un poco de inteligencia y auda­cia difícilmente se sucumbe en la miseria. Marte estaba de su lado como buena aria­na y con él emprendió la guerra contra los prejuicios sociales. Pero primero hubo de salir de la pobreza por­que sus ascendientes no dejaron herencia. Empezó la joven por cargar piedras en carapacho de tortuga desde lo alto del cerro donde se montaba la ciu­dad. La piedra muy utiliza­da para empedrar las calles se pagaba entonces a buen precio. Jamás para ella fue una vergüenza aquel trabajo duro y árido que le ayudó a paliar su hambre en la sole­dad de un camino atajado de prejuicios.
Con la piedra se costeó los estudios y su aplicación la hizo maestra al lado de su coetánea Anita Ramírez. Tenía 15 años cuando la nombraron subdirectora de la Escuela "Francisco Antonio Zea". Pero no esta­ba hecha para el cotidiano caletreo de las niñas y por eso desertó a los dos años de ejercicio docente. Se fue a Trinidad de paseo y un casual encuentro con el Gerente de la "Dick Balatá Ltd" cambio su rumbo.
Estudió mecanografía y como secretaria mecanó­grafa prestó servicios en la empresa que tenía en Ciudad Bolívar su centro de operaciones dirigidas a la explotación del balatá del Alto Orinoco, la sarrapia del Caura y el Oro de El Callao.
 Con Malva. "Dick Balatá Limited" pasaba a ser la pri­mera empresa privada gua­yanesa que admitía los ser­vicios profesionales de una mujer dentro de su área administrativa. Pero desa­justes económicos que le sobrevinieron a la empresa en 1920 decretaron su quie­bra y para Malvina no fue difícil entonces encontrar colocación en el Banco de Venezuela, donde llegó a ser Sub-Gerente con título de Auditor. Que para aquellos tiempos significaba tanto como ser hoy un experto administrador de finanzas.  Con este segundo caro, Malvina terminaba de abrir la brecha  para que la mujer guayanesa comenzara a vislumbrar un porvenir mejor dentro del campo del trabajo del hombre.
En 1925, después de 34 años de labor ininterrumpida y debido a un accidente, el Banco de Venezuela decidió jubilarla para que se fuera a Europa a restaurar su salud, pero el temor de morir en soledad la hizo desistir de una solución qui­rúrgica. Decidió entonces darle la vuelta a Europa en un automóvil Renault de cuatro caballos comprado en Caracas y que hizo poner en Lisboa donde emprendió su periplo para terminar vendiendo el auto en París perdiendo no mucho de los 3.500 bolívares que le había costado. La gira la cumplió en cuatro meses, pero para evitarse cargos de concien­cia, tuvo el cuidado de reco­rrer antes todos los estados de Venezuela.
Sin darle mucha importan­cia a la afección pulmonar que la aquejaba, retornó a Guayana para incorporarse de nuevo al trabajo ya como Comisaria del Automóvil Guayanés, Jefe de Relaciones Públicas de la Compañía Anónima Electricidad de Ciudad Bolívar, del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente o samaritana del bien ajeno.
Malvina, además, fue excelente deportista. Tuvo en los tiempos de su juven­tud predilección por el tenis y la primera cancha de este deporte la fundó ella en lo que ha sido siempre el Club Deportivo Social "La Cancha" de la Avenida Táchira. En la construcción de la iglesia San Francisco de Asís y sostenimiento del Asilo de Ancianos San Vicente de Paúl,
Malvina, además, fue excelente deportista. Tuvo en los tiempos de su juven­tud predilección por el tenis y la primera cancha de este deporte la fundó ella en lo que ha sido siempre el Club Deportivo Social "La Cancha" de la Avenida Táchira. En la construcción de la iglesia San Francisco de Asís y sostenimiento del Asilo de Ancianos San Vicente de Paúl, Malvina aportó por lo menos una piedra que es más que un granito de arena, aunque no cargada en su antiguo cara­pacho de la tortuga arrau, pero sí en el temple de su corazón de mujer que en Ciudad Bolívar se atrevió a romper con unos cuantos esquemas, para lo cual, por supuesto, no había que temer ni tener miedo, Rafael Pineda lo dice muy bien en un largo poema dedicado a ella: "la primera que no tuvo miedo/de irse a trabajar, brazo con brazo, al mundo de la calle, con los hombres".
MARY CALCAÑO
Otra mujer que no tuvo miedo fue Mary Calcaño, aunque no pobre de origen como Malvina, pero se atre­vió a desafiar la audacia del hombre, volando por prime­ra vez un avión.
María Asunción o preferi­blemente Mary Calcaño, a las 10:10 de la mañana del 22 de febrero de 1940 sor­prendió a sus paisanos bolivarenses aterrizando el el aeropuerto de la ciudad su. reserva( propio avión Club adquirido en los Estados Unidos.     
Hija de José Antonio y Adita Calcaño, casado con la hija menor del médico Angel Ruiz cuyo nombre lleva el hospital central, la    atractiva Mary realizó un vuelo sin problemas desde su base en Maracay hasta Ciudad Bolívar con una breve escala en Barcelona.     
Sus estudios de aviación de los realizó en la Escuela  Safar Aeródromo Roosevelt de Long Island, Nueva  York, donde obtuvo la licencia 13550, revalidada en Caracas por el Ministerio de Guerra y Marina.
ALIDA ISAURA
GAMBUS

Fue la primera bolivaren­se graduada de bachiller en filosofía en el Colegio Federal de Varones de Ciudad Bolívar. Un jurado integrado por los doctores Oscar Perfetti, J.M. Agosto Méndez, Carlos Salom, Juan Pablo Carranza y Br. Ernesto Sifontes, la exami­naron el 15 de julio de 1930 y la promovieron con altas calificaciones. También ella fue la primera venezolana egresada de la Escuela de Farmacia de la Universidad Central de Venezuela. Era hija de Rafael Gambús, des­cendiente de Hilarión Gambús, rico comerciante catalán establecido en Guayana a fines del siglo pasado y tronco principal de odas las ramas afiliadas a ese apellido.
Hasta entonces y desde la creación del Colegio Federal de Guayana en 1842, el bachillerato estuvo reservado para los varones.  A Alida Isaura la siguieron  posteriormente Inés Elvira y Adita Figarella, graduadas en el mismo colegio.

GLORIA LEZAMA
 CASADO
Hija de Rafael Lezama, el baquiano de Gallegos por los caminos de Canaima, gloria nació el 23 de mayo de 1922 y estudió bachillerato en el Colegio Santa María de Caracas  dirigido por Lola Fuenmayor  Luego de gradur de Bachiller en Filosofía el primero de octubre de 1944, se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela donde recibió el título de doctora en Ciencias Políticas el 15 de diciembre de 1949. Sería entonces la primera mujer nacida en Guayana que se graduaba de abogado, pro­fesión que comenzó a ejer­cer en el bufete de Oxford y César Obdulio Iriarte durante muy poco tiempo porque luego el Poder Judicial la reclamó primero como Defensora Pública de Presos, luego como Procuradora de Menores y finalmente como Juez de Menores hasta los días de su jubilación. Falleció el 2 de noviembre de 1993.
SOFÍA SILVA INSERRI
A la media noche de 17 de junio de 1952, en el Valle Arriba Golf Club de Caracas, entre palmas, luces, flores y anhelos, la tumeremense Sofía Silva Inserri ciñó la diadema de la mujer más bella entre las bellas de Venezuela.
La noticia que estremeció de gozo a los bolivarenses fue leída con gula en el vespertino El Luchador de los Suegart, único diario de la región y el cual le reseñó dos días después a ocho columnas y una gráfi­ca donde se veía a Sofía desfilar ante un nutrido público presidido por los coroneles Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez.
Sofía Silva Inserri, repre­sentó en el concurso al Estado Bolívar y fue electa Miss Venezuela con 90 pun­tos y sólo tres de ventaja sobre Ligia de Lima, la aspirante más cercana. Vilma Acosta Viana resultó segunda finalista. Ella fue la primera Miss Venezuela.
LUCILA PALACIOS
Mercedes Carvajal de Arocha, conocida bajo el seudónimo de Lucila Palacios, escritora venezo­lana, nacida en Ciudad Bolívar el 13 de mayo de  mayo de 1902 y fallecida el  31 de octubre  de 1994 a la edad de 92 años, fue autora de 30 obras literarias: 11 novelas, 5 dramas, 5 cuentos y el resto libres de ensayos y poesía. Fue la primera mujer venezolana que ejer­ció la diplomacia como embajadora de Venezuela en la República del Uruguay y asimismo la pri­mera dama en ingresar a la Academia Nacional de la Lengua.
MARÍA DE LOURDES
SALOM

Nativa de Ciudad Bolívar, realizó sus estudios de secundaria en el Colegio Federal, hoy Liceo Peñalver. Luego ingresó en la Universidad Central de Venezuela donde destacó como una de las primeras estudiantes, como también en  1940, la primera gradual en medicina veterinaria en Venezuela, con la tesis do doctoral "Experimento vaqueras del Distrito y en prevención de las metritis consecutivas a la retención placentaria de las vaca Inmediatamente después fue designada para ocupar el cargo de Secretaria de Facultad de Medicina Veterinaria y docente de misma facultad. Ejerció importantes cargos de
dirección en el Ministerio de Agricultura y Cría, en ellos, Jefe de la Sección Policía Sanitaria de las que fue fundadora; Jefe de División de Higiene Sanidad Animal y Jefe (I( campaña contra la fiebre aftosa en el Distrito Federal y estado Miranda.