jueves, 1 de mayo de 2014

EL “BACHI” PÉREZ



Publicado en la revista “Orinoco” fundada por Américo Fernández y Gladys Figarella



Único sobreviviente de toda una generación de maestros modeladores de nuestra cultura y forjadores de ciudadanos útiles.
Con sus sesenta y dos años (1965) a  cuestas cumplidos hace algunos días, satisfecho de medallas y diplomas que hablan de una labor ho­nesta y valiosa dentro del magisterio provincial, rodeado del afecto de sus hijos que aprovecharon a tiempo el caudal intelectual y material acumu­lado por su padre, al lado de su es­posa cuyo color, forma y tempera­mento reflejan el exotismo corso de sus ascendientes, apegado al queha­cer recreativo de la "ratonera" convertida ahora en refresquería y quin­callería heredada de sus progenitores, cuidando con esmero el breve jardín sembrado en el traspatio de la casa, leyendo de vez en cuando un buen libro de las ciencias perfectas, eluci­dando reminiscencias que valen un millón de atención, poniendo a cada acto la chispa de su temperamento chusco y agridulce, encontramos, a esta altura de la civilización, al "Ba­chi" Pérez, mejor decir, al. Bachiller Ramón Antonio Pérez Santamaría, sentado en su mecedora anticuada de paleta, en la casa de la esquina donde nació el 21 de abril de 1893.
Semisentado, podríamos decir, por­que el "Bachi" Pérez —como lo han bautizado varias generaciones de es­tudiantes—, no es personas, a pesar de su edad, de estar con el cuerpo acomodado todo el día en la silla me­cedora. El profesor Ramón Antonio Pérez debe levantarse cuantas veces se le ocurra al viandante detenerse a la puerta del "Oasis" para comprar un refresco, un jugo, una docena de bo­tones o tres varas de cinta rosada. Hay personas que se detienen y no com­pran nada, se explayan en conversar con el profesor de pelo cano y cami­nar lento. Había una señora toda fo­rrada de negro que contaba al Profe­sor, en forma animada, las peripecias de su hijo estudiante. Otras dos que parecían maestras, luego de ingerir sendos refrescos, contemplaron sobre el muro el retrato a color del hombre de la campana y criticaron al Bachi­ller su presunta filiación política. "Esas son cosas de Pauline", replicó reflexivo el Profesor, añadiendo: "Yo no he sido ni soy político, jamás me ha gustado construir escalones para que otro suba".
Exacto, el Profesor Ramón Antonio Pérez no ha conocido, sentido ni te­nido otra filiación que la del magis­terio. Para él ha sido la más noble, la más humana e interesante y a la que entregó más de la mitad de su vida. Se inició en la enseñanza, no como muchos de los empíricos que todavía pululan agonizantes y acha­cosos por nuestras aulas, sino como un verdadero profesional.
Graduado de Bachiller en Filosofía y Letras en el Colegio Federal de Varones de Ciudad Bolívar —cifraba entonces 17 años—, se dedicó a la en­señanza en el aula de una Escuela Estadal dirigida por don Luis More­no. Junto con Alejandro Fuenmayor fundó las Escuelas "Heres" y "'Lea", primeros institutos graduados de Ciu­dad Bolívar, para varones y hembras respectivamente. Esto fue en 1912, siendo Ministro de Educación el doc­tor Guevara Rojas. En 1917 comenzó a alternar la educación primaria con la cátedra de educación secundaria en el Colegio Federal de Varones que luego pasó a ser el hoy Liceo Pe­ñalver.
Fueron 44 años seguidos, dedicados integralmente a la enseñanza, a la no­ble misión de forjar ciudadanos li­bres y útiles al progreso de la na­ción. El actual Ministro de Obras Pú­blicas, Ing. Leopoldo Sucre Figare­lla; el Ministro de Educación, doctor J. M. Siso Martínez; el traumatólogo eminente y actual Gobernador de Ca­rabobo, doctor Jorge Figarella; el Cronista de la ciudad y sacerdote meritorio Monseñor Constantino Maradei Donato, el Presidente de la Municipalidad de Heres, bachiller Noel Valery y otras personalidades distinguidas que escapan a la premura del reportaje fueron modeladas durante las primeras enseñanzas por este Profe­sor, único sobreviviente de toda una generación de maestros cimentadores de nuestra cultura y forjadores de ciudadanos útiles, a la que pertene­cieron María Antonia Mejías, Dr. Os­car Luis Perfetti, Dr. Carlos Emiliano Sa­lón, José Luis Aristiguieta, Felipe Hernández, Adán Blanco Ledezma y otros.
Del Bachiller Pérez se cuentan va­riados chascarrillos que forman todo un legajo de su época brillante de Profesor. Los estudiantes de ayer y de hoy los celebran con gracia inusi­tada. De tiempo en tiempo avivan en el recuerdo y entonces se abre una como detenida admiración por esta personalidad cumbre del magisterio.
Cuentan que el Bachiller Pérez, es­tando en su cátedra de matemáticas explicando una operación de quebra­dos, pasó uno de sus alumnos a la pizarra y le dictó la siguiente cifra: "Escriba, por favor, 3/4". El estudian­te tomó la tiza y escribió primero un tres, luego trazó una raya y finalmen­te colocó debajo el cuatro. Impacien­te el Profesor por la forma inco­rrecta como el alumno escribió la ci­fra, sacó una silla de la fila e invitó al estudiante a sentarse. Cuando el alumno quiso hacerlo, el Bachiller oportunamente sacó el asiento y el in­fortunado se desplomó en el suelo. "Ajá —sentenció el bachiller en me­dio de la hilaridad estudiantil—, ¿vio lo que le pasó? Eso mismo le pasaría al 3 del quebrado si usted antes no le coloca la rayita".
Nos recuerda el "Bachi" Pérez co­mo algo especial, ya para terminar la conversación, que él nació un año después de la creciente más grande  registrada por el río Orinoco en el año 1892. Su padre era un humilde pulpero, aficionado a la fotografía, a la orfebrería y a la flauta. Nació en la misma casa donde todavía vive, frente a la Plaza Miranda y que para entonces era un peladero de cuyo centro emergía un señorial farol de seis brazos que por las noches disparaba sus luces mor­tecinas de kerosén.
Con este combustible se alumbraba la ciudad en aquella época, la luz eléctrica vino en 1911, centenario pri­mero de la Independencia, bajo la administración del General Tellería. El servicio de luz eléctrica tenía en­tonces un precio insignificante com­parado con el de nuestros días: larga diferencia que parece sacudirnos de un largo y profundo sueño.
El Profesor Ramón Antonio Pérez Santamaría, el célebre "Bachi" Pérez del Colegio Federal de Varones y del Liceo Peñalver, es un hombre activo y diligente a pesar de su avanzada edad, de contextura aparentemente fuerte, color trigueño, ojos grande/ entornados, profundamente humano y de un espíritu admonitivo modelado a fuerza de corregir y orientar adolescente en las aulas de los diferentes colegios que se honraron con el paso de maestros insignes.



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