miércoles, 26 de agosto de 2015

¿QUIÉN ULTRAJO Y MATÓ A LESBIA BIAGGI?




Un domingo 15 de octubre de 1961, la ex secretaria de la Cámara de Comercio de Ciudad Bolívar, hermana del sacerdote ex capellán del ejército, Luis Ramón Biaggi Tapia, fue hallada ultrajada en su habitación y con una herida profunda en el  intercostal izquierdo que le causó la muerte.

Américo Fernández


            Nadie sabe cuándo, pero sabemos a ciencia cierta que tenemos que morir, por agotamiento físico, enfermedad o trágicamente, pero lo inexplicable y sorprendente, lo que siempre ha consternado a la humanidad, es que fuera de esos determinismos naturales, se viole impunemente el derecho a la vida.
            En el caso criminal de la joven de 24 años, Lesbia María Biaggi Tapia, asesinada en su propio hogar, donde vivía con su madre y dos de sus hermanos, no sólo se violó impunemente el derecho a la vida sino que se la ultrajó.
            Treinta y nueve años transcurridos y han sido insuficientes para esclarecer el crimen, pues el único sindicado fue absuelto porque los indicios en su contra, logrados a través de los análisis de laboratorios, más los testimonios cotejados por el  Buró de investigaciones del Cuerpo Técnico de la Policía Judicial,  no convencieron al Juez Penal de la causa.  ¿Qué procedía entonces?  Obviamente, reactivar las investigaciones hasta las últimas consecuencias, pero por lo que ordinariamente observamos, ya es práctica manida de los cuerpos policiales asumir una conducta de tácita impotencia (¿presión, comodidad, desidia, prejuicio?) quedando de esta manera el caso en absoluto abandono hasta su prescripción eterna.
            Mientras tanto, los bolivarenses, cada año por este día de octubre, se conforman con recordar a aquella muchacha afable, romántica y sencilla que sólo llegó a usar el velo para ir a misa porque el de novia se lo arrebató la muerte.
            Se llamaba Lesbia María Biaggi Tapia, morena de 24 años,  pelo negro, 1,60 de estatura, contextura regular, casi parca y de sonrisa agradable. Hija adoptiva, porque Carmen Biaggi de Tapia, su madre aparente,  sólo tuvo a Ada en su matrimonio con Ramón Biaggi, aparte de los varones: Luis Ramón (sacerdote), Nanzo (abogado), Frank y Orlando, todos nacidos en Pariaguán del Estado Anzoátegui y con residencia y vida profesional en la Capital de la República.  Lo cierto es que la vida de esta familia se desgració desde aquel aciago día en que la sangre de Lesbia se desbordó por el lado de su corazón e inundó  la sensibilidad del mundo cristiano, más cuando el señalamiento que a una semana del crimen hizo la PTJ, apuntaba a su hermano de crianza, un joven sacerdote, virtualmente impecable en su carrera clerical.
            Excepto la explosión de nervio al ser informado y un desmayo sufrido frente al cadáver desnudo y sangrante de su hermana, el Padre Biaggi  trató en todo momento de conservar el aplomo y cuando el Inspector Nacional de la PTJ, doctor Carlos Olivares Bosque lo interrogó “libre de coacción y apremio”, declaró que sólo sabía lo que había visto y hecho hasta ese momento de enterarse del trágico suceso.  Vale decir, que el sábado 14, a eso de las cinco de la tarde, salió de su casa de la vereda cinco de Vista Hermosa, conduciendo carro propio, en compañía de su madre, su hermana Lesbia y su hermano menor Orlando, hacia la casa de la familia Huang, donde se realizaron dos bautizos, uno de los cuales apadrinado por él y su madre madrina del otro.     
            Luego se trasladaron a la Iglesia para cumplir la ceremonia del bautizo y seguidamente  regresaron a la casa donde la familia Huang ofreció un brindis.  Allí compartieron hasta un poco antes de las once cuando decidieron retirarse y llevar de paso  hasta su domicilio a Grecia Ortiz y al joven Rigoberto Franceschi, novio de Lesbia, que se había incorporado a la reunión a  las 9:30 de la noche.  El Padre dijo haber consumido sólo dos vasos de whisky de  botella y media servida durante la sencilla reunión.
            Entre 11:30 y 12 de la noche la familia Biaggi Tapia  llegó de regreso a Vista Hermosa y  contó el Padre que “al llegar a casa, mi mama me entregó la llave, abrí la puerta y penetré en mi habitación con el deseo de dormirme pronto porque el domingo muy temprano debía oficiar misa.  Cerré mi cuarto, encendí el aparato de aire acondicionado, me desvestí y me acosté.  En la noche no sentí nada extraño y a las 6 de la mañana  del domingo me desperté; abrí la puerta y me dirigí al baño antes de prepararme para la misa.  Al salir, como tenía casi enfrente la habitación de mi hermana Lesbia, observé que la cama estaba vacía, porque no le vi los pies, que era lo único que sin asomame podía observar, pues la puerta de habitación  no estaba abierta del todo.  Me puse la sotana y salí hacia la puerta de la calle encontrándome con que estaba abierta –eran como las 6,20 de la mañana-  A mi me extrañó que estuviese abierta a esa hora, pero como teníamos que ir temprano de excursión, supuse que mi hermana había salido a hacer diligencias relacionadas con el paseo.
            Encendí mi carro y salí hacia la iglesia Santa Ana a oficiar la misa.  La comencé a las 6:35 y al terminarla convoqué hacia mi a todos los fieles que estaban dentro y comenzamos a organizar una colecta con el fin de hacerle el trono a la virgen de Coromoto.  Estando en eso entró a la carrera el maestro Félix Rodríguez a decirme:  “Padre, que vaya urgentemente a su casa que allá ha sucedido una tragedia”  Rápidamente, me despojé de los ornamentos y salí corriendo.  Quise manejar y Félix me quitó el suiche para hacerlo él.  Desesperado, le pregunté:  “¿Qué ha pasado con mi hermana?”, y me respondió:  “¡Está muerta!”
            Entonces lloré, sentí que los nervios me dominaban y le dije:  “Llévame primero a casa de Monseñor Bernal, frente a la Catedral, junto a él tendré más valor para poder ver a mi hermana muerta.  El es para mi como un padre y ha sido mi apoyo en los momentos difíciles”.  Supuse que ese día, domingo, estaría en la Catedral.  Subí tres gradas y al sentir un carro que venía detrás,  vi que era José Soto, el muchacho del Palacio Arzobispal.  Le pregunté si Monseñor estaba en la Iglesia y me respondió que aun no había llegado de Puerto Ordaz.  Le dije que lo fuera a buscar inmediatamente y me fui a mi casa en mi carro manejado por Félix Rodríguez.  Encontré allí mucha gente en el frente; muchos se acercaron para abrazarme y yo, sorprendido, pregunté ¿cómo ha sido? Y me respondieron ¡la mataron!.  Sentí que perdía el ánimo para entrar y ver a mi hermana muerta.  Acudí a mi madre que estaba en el porche, con quien me detuve un rato.  Pasé a la sala, me senté; entonces me acerqué hacia la puerta del cuarto de mi hermana.  Adentro estaba el doctor Humberto Bártoli, médico forense, el fotógrafo de la Judicial, así como el Jefe de esta Oficina señor Díaz Arévalo.  El doctor Bártoli creyó a primera vista que la causa de la muerte de Lesbia la había producido un derrame ¿un derrame, y  me dijeron que la  habían matado?  me pregunté retirándome de la puerta y sentándome otra vez en la sala desde donde fui llamado por el Dr. Bártoli... me mostró que había una herida en el pecho.  Mi hermana estaba en el suelo, del otro lado de la cama, o sea, del lado de la ventana, tiesa.  Al verla totalmente desnuda sentí una baja de tensión y tuve que retirarme conducido en brazos de otros hacia una cama donde me acostaron.

ACTUACIÓN ILÓGICA DEL PADRE

            El maestro de escuela Félix Manuel Rodríguez Rondón, de 28 años, casado, natural de El Miamo y vecino de los Biaggi, también fue llamado a declarar, pero su versión no concuerda exactamente con la dada por el sacerdote después que lo enteró del hecho. Rodríguez dijo que el domingo 15 se levantó a un cuarto para las siete de la mañana y cuando comenzaba el desayuno oyó gritos.  Salió a la calle y se dio cuenta que los gritos procedían de la casa de la familia Biaggi y pudo ver a la Señora Carmen Biaggi, desesperada, diciéndole ¡está muerta!
“Sin llegar a saber de quién se trataba, tomé mi carro y me dirigí a la Cárcel Modelo para avisarle al Padre Biaggi.  En ese lugar no lo conseguí y me dirigí a la iglesia Santa Ana de la que también es párroco.  Allí estaba con los ornamentos propios de la misa.  De inmediato lo llamé  mediante una seña y le dije: ¡Padre. en su casa hay una tragedia!, ya que no sabía de qué se trataba, ni quién era la víctima.  El Padre, de seguidas, se quitó los ornamentos y se dirigió al carro y como lo vi nervioso, le quité el suiche.  Entonces me dijo que la única que había en su casa era su hermana y me pidió lo llevara al Palacio Arzobispal para hablar con Monseñor Bernal.  Estando en el sitio, no se si alguien le dijo al Padre que Monseñor Bernal no estaba en el Palacio Arzobispal.  Fue  entonces cuando llegaron otros vecinos cuyos nombres no recuerdo, a bordo de un Ford Falcón, y el Padre se embarcó en él y se dirigieron a la clínica “García Parra” mientras yo lo seguía en su carro.  En la Clínica se bajó el Padre y habló con un médico, mientras yo me adelantaba para dirigirme a dar aviso a la Judicial, como él me lo había pedido en el trayecto.  Una vez que avisé a la Policía, volví a la casa de la familia Biaggi y  dejé el carro.  Ya el Padre Biaggi había llegado y se encontraba en el porche lleno de gente.  Con un pariente del Padre traté para que me prestara el carro para informar del suceso a los familiares.  Fue al regreso, a bordo de la chalana, como las 2 de la tarde, cuando supe que se trataba del asesinato de la joven Lesbia Biaggi.

LA PTJ EN ACCION

El Cuerpo Técnico de la Policía Judicial hizo acto de presencia y constató que la joven Lesbia María fue víctima de una profunda herida en el octavo espacio intercostal izquierdo que le produjo hemorragia y muerte, siendo a la vez ultrajada. Constató también que no hubo signos de violencia y que la joven, defendiendo su honor y en un esfuerzo desesperado, arrancó cabellos al victimario, el cual haciendo uso de un cuchillo o daga le causó una herida mortal.
Consumado el hecho criminal, el autor preparó el sitio del suceso, colocando el cadáver en el suelo, cerca de la cama.  La PTJ logró con éxito reactivar rastros y huellas que permitieron llevar a cabo una intensa como bien orientada investigación y acumular gran cantidad de evidencias.
Practicó exámenes hematológicos y micrométricos de los pelos arrancados por la víctima al victimario, asimismo los practicó a un pañuelo manchado de sangre y a una media femenina perfumada hallados en el cuarto del sacerdote. De la misma manera,  reactivó huellas y manchas en el piso de los cuartos de Lesbia y del Padre, de suerte que  pudo la Policía acumular gran cantidad de evidencias en contra del sacerdotes que obligaron irremisiblemente a su detención..

DETENCIÓN DEL PADRE BIAGGI

Dada la acumulación de evidencias arrojadas por la experticia técnica y las actuaciones ilógicas y contradictorias patentes en algunos testimonios, el Inspector Nacional en Comisión, Carlos Olivares Bosque, sindicó al Pbro. Luis Ramón Biaggi Tapia, como autor de los hechos o, en último término, como presente en el sitio de los sucesos en el lugar del crimen.  Por lo tanto se le practicó detención el 26 de octubre y se puso a la orden de los Tribunales de Justicia.
Entre las evidencias que sindicaron al sacerdote como presunto autor del crimen están los cabellos de su región temporal que guardan notable similitud con los arrancados por la víctima a su victimario.  La mancha de sangre en el pañuelo y unas cinco acciones ilógicas, como la de ir directamente al Palacio Arzobispal en vez de hacerlo directamente a su casa donde había sido hallada muerta su hermana de crianza.

UNA CARTA A SU FAVOR

Una carta jugada a favor del Padre Biaggi la constituyen los exámenes psicológicos y psiquiátricos practicados oficialmente por los doctores José Luis Vethencourt y el Pbro Carlos Alberto Plazas.  En síntesis, estos exámenes concluyeron en que las reacciones internas y externas del Padre Biaggi eran diametralmente opuestas a las de un criminal.  Según los resultados de esos exámenes, el Padre Biaggi parecía ser “inocente, a menos que se trate de un monstruo, pero en este último caso no existe antecedente en la psiquiatría”.
Días después, el juicio fue erradicado de la Circunscripción Judicial del Estado Bolívar y el Pbro. Luis Ramón Biaggi Tapia pasado de la Cárcel de Ciudad Bolívar, donde había sido capellán, a la Penitenciaría de San Juan de los Morros.  Posteriormente salió absuelto y terminó renunciando a los hábitos sacerdotales.  Hoy día es abogado en ejercicio. La madre del sacerdote terminó suicidándose mientras el arcano se tragó el misterio de aquella ofensa mortal a la existencia de una mujer en la etapa soñadora de su juventud.








           

           


9 comentarios:

  1. Saludos Américo ,felicitaciones por articulo ,una pregunta s+olo se ven las fotos de la muchacha y las otras tres?

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  2. Era yo un niño. Ese domingo, al saber la noticia, me encontraba jugando en el solar de al lado de mi casa. Después de ese crimen, Ciudad Bolívar jamás volvió a ser la misma.

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  3. Nunca olvidaré esta historia, fue un caso que llenó de miedo, tristeza y terror a muchas personas y especialmente a los niños-adolescentes como yo. En ese tiempo vivía en Puerto Ordaz, pero me enteré de todo porque mi familia materna siempre vivió entre Ciudad Bolívar y Anaco, nosotros viajábamos mucho hacia esos lugares.. !

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  4. Excelente artículo, muy bien detallo con términos exactos de cada una de las situaciones. Evidentemente, este vil cometió el delito y fue protegido por el Poder Eclesiástico. Tergiversaron las pruebas para mantener en alto el Clero. ¡Dios sabe la verdad!

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  5. Excelente artículo, muy bien detallo con términos exactos de cada una de las situaciones. Evidentemente, este vil cometió el delito y fue protegido por el Poder Eclesiástico. Tergiversaron las pruebas para mantener en alto el Clero. ¡Dios sabe la verdad!

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  6. interesante historia, la vi hoy en televen en un caso policial, ademas de ya haber leído el libro de Mármol León García.

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  7. interesante historia, la vi hoy en televen en un caso policial, ademas de ya haber leído el libro de Mármol León García.

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  8. por eso dicen que los curas no son ningunos niños jesus, que sera de la vida del padre Biaggi? dond estara metido ese tipo,ya se reuniria con el cachuo?

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  9. Supe del caso por mi papa yo ni soñaba en nacer, pero mi padre que vivía en Caracas y era amigo de uno de los hermanos del padre Biaggi siempre me dijo que era inocente y que según la chica algo tenia que ver con alguien de rango de la policía y que este la habría matado.

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