martes, 30 de junio de 2015

Morochito Rodríguez en Ciudad Bolívar

Entrevista de Américo Fernández  al Campeón Olímpico Francisco “Morochito” Rodríguez el 17 de diciembre de 1968 para el diario El Nacional
    Morochito Rodríguez en Ciudad Bolívar
No ha Nacido todavía mi sucesor


Ciudad Bolívar, 17. (Especial).
Me ha resultado más fácil entrevistar al Presidente de la Re­pública que al ídolo nacional Francisco Morocho Rodríguez, no obstante que su guardia la de­ja, junto con los guantes, col­gada en el ring. El problema es que a Morochito lo asedian las mujeres y los hombres que ad­miran la reciedumbre de sus pu­ños.
Las mujeres quieren besarlo, que les dé su autógrafo o bailar con él, mientras que los hom­bres sólo quieren estrechar la mano y admirar de muy cerca al "pequeño gigante cumanés".
Desde las cinco y media de la tarde de ayer hasta las once de la noche buscamos el momento más libre y oportuno para llegar hasta el campeón y hacerle algunas preguntas para el perió­dico; sin embargo, cada pre­gunta suelta lanzada tuvo una interrupción aproximada de cin­co minutos. Ni la ayuda gentil de su flamante novia, una linda aeromoza, nos pudo evitar las desesperantes interrupciones.
Al fin, tirado el anzuelo, fui­mos pescando en medio del ase­dio de los circunstantes, en me­dio de la aglomeración, del bullicio de la gente, del ritmo del conjunto que animó la fiesta y del cocktail de camarones que sirvieron de primero en la ce­na.
z —Morocho, ahora que ,has anunciado tu retiro del boxeo, ¿quién crees que será tu susesor?
Piensa y tira con la misma li­gereza de sus puños y atravesan­do la sonrisa de su novia que me separa de él, contesta:
—Realmente creo que todavía no ha nacido mi sucesor. Además, mi 'anunciado retiro del boxeo es relativo, pues es probable que continúe representando a mi país en los grandes aconteci­mientos olímpicos.
—Entonces ¿qué es por fin? ¿Te retiras o no te retiras? ¿No será que has sido mal entendi­do cuando quieren decir que no darás el salto al profesional?
Morocho trata de darme unas palmadas en el hombro diciendo:
—Eso es. No quiero ser profe­sional, sino un símbolo, pero no un símbolo estático sino acti­vo dentro del boxeo amateur. No estar peleando a cada rato, sino que me preparare  cuando sea necesario representar a mi país en un evento internacional de importancia. Así se lo he pro­metido a mi madre, quien se mortifica por mí cada vez que me encuentro entre las cuerdas.
—Muy bien, Morocho, ¿pero qué piensa hacer mientras tan­to?
—Pienso trabajar y alternar mi trabajo con un curso, de mecá­nica.
—¿Trabajar qué y dónde-?
 —No sé todavía. Tengo que es­perar hasta enero porque me han hecho muchos ofrecimientos que seguramente no cristalizarán has­ta-esa fecha.
Morocho desvía la atención ha­cia el doctor Francisco Tepedino Albertini, Gobernador Encarga­do, que está sentado a su de­recha, al tiempo que llegan otras personas para saludarlo. Mien­tras tanto el corresponsal habla con la joven morena vestida de blanco que está con la sonrisa fresca sentada al lado del atle­ta.
—Y, usted señorita, perdone, ¿es la novia del Morocho? —Sonríe y de sus labios se desprende un "sí" sugestivo.
Por favor, ¿puede dar su nombre?
—Rosario González. Soy aero­moza de Aeropostal.
—¿Es imprudente preguntarle la edad?
No. Tengo 21 años.
—¿Tiene mucho tiempo cono­ciendo al Morocho?
Desde que somos novios. Ha­ce creo que tres meses. Nos cono­cimos durante el vuelo 3118 Mai­quetía -C umaná-Porlamar.
El Morocho se da cuenta de la conversación y sentencia a su prometida con una mirada.
Estoy conociendo a tu novia, Morocho.
Mi novia! dice el Morocho fingiendo una sorpresa tímida. Luego hace un gesto basculante con la mano y agrega: —ahí, ahí. Rosario no se disgusta y el corresponsal prosigue las pre­guntas al campeón.
¿A quién le debes el título que ahora posees?
—A nadie. A mi mismo. A mí dedicación y esfuerzo.
—¿Quién ha sido tu mejor con­sejero?
—No lo conozco.
—¿Qué opinas del deporte en Venezuela?
—En términos generales es bueno, destacándose más el bo­xeo. El boxeo está dando valo­res que si se orientan bien, se cuidan y conservan, darán mu­chas glorias a Venezuela.
—¿Cuál es tu lado flaco en el boxeo?
—No ha sido descubierto todavía
-Tu mayor dificultad durante las Olimpíadas?
—Haber tenido que pasar cinco días de hambre tratando de rebajar cinco kilos de peso.
—¿Que piensas de Ciudad Bolívar?
—Es una ciudad muy linda y de gente acogedora. Estoy agra­decido de sus tributos y me con­suela saber que la primera vez que vine a una exhibición fui objeto también de una mani­festación de aprecio que ahora se ha multiplicado. Creo que la próxima vez me sentiré más pe­queño de lo que soy ante la gran­deza del corazón de este pueblo.
—Perdóname, Morocho, que te haga esta pregunta; pero veo en mi contacto diario con la ciu­dadanía que ella está interesada en saber ¿por quién vas a votar?
Morocho hizo un movimiento de desagrado con la cabeza y respondió:
—Nunca he sido político. Estoy conociendo eso ahora. Eres el primer periodista que me hace esa pregunta,
Y Morocho, visiblemente dis­gustado, aunque se concilió des­pués con el periodista, cortó la entrevista definitivamente y se fue a bailar con una linda jo­vencita que lo invitó sin pedir la anuencia de su novia.


martes, 23 de junio de 2015

EDUARDO MELGAR TENOR Y TORERO

Reportaje de Américo Fernández publicado el  23 de noviembre de 2007 en el  diario Correo del Caroní, con el título:
EDUARDO VIAMONTE: TENOR Y TORERO DE GRAN CARTEL

* En estos días hubo concierto en Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar con aventajados alumnos de FAMICANTO, una fundación de la que son alma y fibra, el tenor Eduardo viamonte y su esposa Rosita del Castillo.  Viamonte, bolivarense de pura cepa, antes de cantar como tenor  en reputdos escenarios, fue torero de gran cartel.  



Eduardo Viamonte es un excelente tenor formado en academias de Caracas y Nueva York, pero antes fue torero de atractivo cartel en los cosos hispanos. Torero iniciado en los corrales del viejo matadero de Ciudad Bolívar y en el circo Monedero, pero un día, tras clamorosa tarde de Benavente, se sintió tan vacío y desolado, que decidió tirar los trastos, vale decir, matar al torero que había en él. Estudió canto y actuó en importantes escenarios.
Aquí en su ciudad natal como en su residencia fija en Caracas, ejerció la cátedra del canto y, como en el poema de Neruda, sintió en 1997 que lo buscan las raíces que abandonó, la tierra perdida de la infancia, y volvió a estar aquí, frente al río, detenido por el aroma errante de los mogotes.
Eduardo Melgar que cuando fue torero calzó el nombre de Eduardo Viamonte,  nació en la bendita y ya desaparecida Laja de la Sapoara y creció hasta los dieciséis años en el regazo de su abuela, una mujer muy dulce de Los Morichales, la misma que enamoró su abuelo cantándole zarzuelas  con su voz de barítono.
Tal vez por ese lado le vino su vocación de cantante descubierta a buena hora por el sacerdote Segundo  Ferreira, fundador del Orfeón
Bolívar, a quien la traviesa muchachada apodaba “Motocicleta”.
        Eduardo era el único mona­guillo que se daba el lujo de ayu­dar a la misa cantando y, esto le retribuía lo suficiente para tomar toddy en el "Toddy Room" y divertirse con las películas del Cine Mundial.
Era una etapa de la vida de Eduardo donde buscaba todos los cauces. Era un muchacho inquieto y de gran temperamento. Igual le daba atravesar el Orinoco como irse a torear al matadero.
Cantaba Granada, Mala noche, algunas milongas, sobre todo, Noche de Ronda y Maigualida que interpreta Jorge Negrete en la película Canaima. Se subía de noche en la torre del telégrafo en el puerto de Blohm y, toda la gente del barrio Santa Ana lo escuchaba porque su voz era fuerte y se proyectaba lejos con la brisa del río.
Lo de ser torero le nació por­que le gustaban las emociones fuertes. Lo atraían las tempora­das del circo del viejo Monedero a donde iba con Cantini "El maestrico", bedel del Liceo Peñalver, que había sido noville­ro en Valencia y él, muchacho apasionado y con mucho espíri­tu, era su pupilo, siempre anda­ban juntos y Cantini cada vez que podía le daba clases de toreo en los corrales del matadero.
Un día llegó a Ciudad Bolívar el matador Cayetano Ordoñez "Niño de la Palma", padre de Antonio Ordoñez que fue gran figura, torero de mucha clase, y a quien García Lorca le dedicó aquel famoso poema "Era de Ronda y se llamaba Cayetano..."
Llegó Cayetano ese día con otro torero, muy modesto, de nombre Perucho de Canarias. Cuando lo supo, Eduardo se fue hasta el hotel donde se hospeda­ba. Se le presentó y le dijo: "Yo soy el torero de aquí y vengo a hablar con usted porque quiero torear". Cayetano se lo quedó mirando de arriba abajo y luego de afinar su sexto sentido y observarlo, le respondió: "Pues bien, amigo, tu vas a torear entonces con nosotros el domingo".
La corrida en aquella tarde dominical, era en el estadio Tomás de Heres que estaba en la avenida Táchira y, Eduardo se vistió con una chaqueta corta que le confecciono su abuela, combi­nada con un pantalón corto y zapatos de goma. Así salió al ruedo y se hallaba en  el burladero cuando Cayetano le tanteo el primer animal y lo invito a torear.
Aquello fue memorable por la emoción increíble de la gente al grito de ¡Oleee! cuando le daba  pases de rodilla y en todas formas a aquel toro frente a Cayetano, atónito por lo que estaba viendo.
Y sintiendo el Mataor hispano que el muchacho le robaba el show, caminó hasta el centro del pequeño ruedo  y le dijo:  “Ya está, hombre”.  Pero engolosinado, le hizo un desaire  y molesto el matador le reclamó: ¿Usted sabe con quién trata,  se ha olvidado, hombre, que yo soy Ordoñez?” Comprendió Eduardo la situación y accedió.
Luego que terminó la corrida, el público lo cargó en hombros a lo largo del Paseo y a Cayetano no le quedó más alternativa que contratarlo para que toreara con él la temporada, pues Peruchp de Canarias tenía que regresar.

BANDERILLAS, ALTERNATIVA Y REVOLCÓN
Eduardo había aprovechado muy bien las lecciones de Cantini y, tocaba casualmente nada menos que a Cayetano complementarlas. De manera que con él aprendió a vestirse de torero, a colocarse las talequillas, abrocharse los machos y liarse el capotillo en la cintura para salir impecable al ruedo. Todo ello, paso a paso, como un rito.
Jamás había pegado un par de banderillas y la tarde en que lo hizo el toro lo revolcó. Fue preci­samente el día en que Cayetano le dio la alternativa llamándolo al medio de la plaza y entregándole los trastos. Toreó en esa corrida un toro prestado por un señor de apellido Macías, que no podía matar. Cayetano tomo las bande­rillas: "Pégaselas tú" le dijo y cuando Eduardo trató de hacerlo, el toro lo tiró, se levantó, tomó la muleta y durante la faena el ani­mal volvió a levantarlo y aquello fue la locura. Perdió la cabeza, se fue al burladero, sacó la espada, le pego tres muletazos y tomo posición para matar al toro, pero el dueño del animal se lanzó el ruedo para evitarlo.

TORERO GUAYANÉS EN ESPAÑA
Su amistad con Cayetano Ordoñez lo proyectó a España. Allá Eduardo debutó con Curro y Rafael Girón en una corrida del sindicato del espectáculo de Salamanca, la primera vez que se daba un cartel con tres venezola­nos juntos. Fue el comienzo de una buena campaña de novillero en el que estuvo con "Chamaco" en una corrida realizada en Palma de Mallorca y en Barcelona con Jaime Ostos y Joaquín Bernardo, un torero que siempre que toreaba con él le iba mal. Eduardo cortaba las orejas y el pobre hombre se iba triste para su casa.
En la plaza de Barcelona lo cogió un toro en corrida con Ordoñez y el Litri, con toros que "sabían leer y escribir". Toros de 500 kilos que llevaban seis meses en los corrales y los cuales el representante de Ordoñez que­ría rechazar porque los animales no procedían de una ganadería de renombre.
Pues bien, allí trato de lucirse lo mejor que pudo y, en efecto, había hecho una estupenda corri­da, pero a la hora de matar, es decir, cuando el toro comenzaba a doblar, va al burladero a echar le agua al botijo. Entonces oye que le gritan ¡Eduardo!. Voltea y ve a la familia Ríos de su gran afecto en el momento en que el toro que venía por el hilo de las tablas, lo pincha por la ingle y lo voltea de manera espectacular. Cae, se levanta todo maltrecho, se echa agua, vuelve por el ani­mal, pero el toro, muy grande y hondo de laguja, no dobla. Toma la espada de descabellar y ya en posición, el toro embiste brusca­mente y lo derriba. Despertó al siguiente día en el hospital donde, por cierto, lo  visitó el poeta Héctor Guillermo Villalobos que se hallaba y le regaló un reloj.
No obstante  ese percance,  continuo toreando con el mismo fervor de siempre, pero luego de una gran tarde en Benavente, provincia de Zamora, toreando con el rejoneado Peralta, le ocurrió algo singular: Se sentía solo y vacío y tras pro­funda meditación, se preguntó: “¿Esto es…matador de toros?” Se lo repitió tanto que le parecía tan pobre aquello y decidió volver al canto, para lo cual arregló sus bártulos y regresó a Venezuela.

SU DESTINO ESTABA EN EL CANTO
Ya de nuevo en Venezuela, se puso a trabajar; primero, en una Corporación Internacional y luego en los Helados Efe. Alternaba su trabajo de ejecutivo de la empresa con sus estudios. Estudiaba música en la academia de Juan Bautista Plaza. Aquí conoció a la soprano Rosita del Castillo, tras enviudar de su pri­mera esposa con la cual tuvo dos hijos. Se casó con Rosita, y se unió a ella en lo imposible para continuar perfeccionando su ins­trumento -la voz- en una de las instituciones más renombradas de Nueva York: la Julliard School.
Actuó en numerosos teatros de los Estados Unidos y Canadá. Aquí resolvió cambiarse el nom­bre de Eduardo Melgar por el de Eduardo Viamonte, en homenaje a su abuela: De manera que este último es y sigue siendo su nom­bre artístico.
A pesar de que, fueron tiempos duros, en el norte le fue bien. Tenía como quien dice "el man­dado hecho" cuando se le metió el grillo de venirse de nuevo para Venezuela, atraído por la nove­dad del gran teatro que es el Teresa Carreño.
En el Teresa Carreño comenzó muy bien y llegó a cantar Stabat Mater, una obra muy difícil de Rossini, de corte religioso. Es una de las obras más importantes que ha interpretado en su carrera, pero después fue víctima de las roscas.
Tratando de romper las roscas que lo querían ahogar en Caracas, fue en 1.987, invitado a volver a su tierra natal para ejer­cer él y Rosita la cátedra de canto en el Conservatorio Antonio Lauro recién creado por el gober­nador René Silva Idrogo bajo la dirección de Pascual Fortunato. Los gobernadores sucesores no creyeron en ese conservatorio y le negaron los recursos. Entonces, los muchachos del bello canto, entre ellos, el hoy médico Carlos Pérez, en un esfuerzo por mantener la cátedra, registraron la Fundación amigos de la cátedra de canto de Ciudad Bolívar (Famicanto) 1.990. En 1.992 también el Museo del Teclado en Caracas, creó la cátedra de canto "Cantamérica", donde unido a su actividad artística; Eduardo y Rosita trabajaron como profesores á de esas cátedras.
         En noviembre de 1997, los bolivarenses tuvieron la oportunidad de ver, sentir y aplaudir en una de la salas  de la casa del Congreso de Angostura, el primer producto de esta cátedra.  Omar Gutiérrez, rudelmis Montero, Alfredo Bonilla, María Eugeni Briceño, Edgardo, Zoraime y Katiuska  Rodríguez, Carlos Pérez, Eduardo Espinoza ramón Gallardo, Adriana Yépez y Della Grudelle Iotta, quienes interpretaron obras o parte de las obras de los grandes de la música culta como Mozart, Handel, Puccini, Estévez, Moleiro y Giordani, acompañados al piano por Sergeis  Pylenkoff.



El Aeropuerto de Ciudad Bolívar

*Bolívar después de Maiquetía y Porlamar,  estuvo entre los aeropuertos con mayor número de operaciones  de aterrizaje y despegue en los años  de 1990.  Hoy las cosas han cambiado.

-Américo Fernández-

         Autoridades aeroportuarias no creían en 1997 que después de Maiquetía y Porlamar, existiera en Venezuela otro aeropuerto con mayor movimiento operativo de aterrizaje y despegue. En el mes de julio, por ejemplo, se registraron 1.947  operaciones, con un promedio de 62 por día. A veces ese promedio subía, según la temporada, pero Puerto Ordaz moviliza mayor volumen de pasajeros. El fenómeno lo explicaba el hecho de ser la capital angostureña el centro finan­ciero y proveedor de los numerosos campamentos mineros del Sur.
Setenta y cinco aeronaves en el parque y 150 pilotos activos estaban a la vista en el Aeropuerto de Ciudad Bolívar, pero en La Paragua, encrucijada para el transbordo de carga y com­bustible hacia dichos campamentos mineros, las operaciones de aterrizaje y despegue de avionetas de empresas aerotaxis era igual o superior al que se registraba en el aeropuerto de Ciudad Bolívar.
Llevando la carga por tierra desde Ciudad Bolívar hasta La Paragua, los aerotaxis se ahorran 40 minutos de vuelo. Sin embargo, este aeródromo con 900 metros de pista asfaltada care­ce de control, no obstante estar autorizado. La única autoridad allí presente por razones de seguridad y de la cual se sirve la supervisión de Aeronáutica Civil para esos imprevistos, es la Guardia Nacional. Por falta de personal y de cursos técnicos, el Ministerio sólo ejerce control directo sobre contados aero­puertos.

EMPRESAS DE AEROTAXIS
Los vuelos hacia el interior de Guayana los inauguró Aeropostal en mayo de 1.930 con aviones franceses Lecoere-28 que hacían escalas en Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo y Santa Elena, pero no fue sino a partir de 1.960, al subir la fiebre y explotación de las mimas de libre  aprovechamiento, cuando comenzaron a operar empresas de aerotaxis. Había, por supuesto, aviones individuales como los de Jimmie Angel y Charles Baughan con los cuales prestaban ser­vicios a comerciantes, exploradores y mineros interesados.
Una de las primeras empresas de aerotaxis fue la TANCA que no debe confundirse con la TACA de Venezuela, a la cual prestó servicios como piloto el capitán Charles Baughan, cuya agencia instalada en 1.946, desempeñaba en Ciudad Bolívar J.G. Ortiz Rodil. Cubría la ruta Ciudad Bolívar, San Tomé, Anaco, Barcelona, Maiquetía.
La TANCA era de Marcelo Dos Santos y operaba con aviones Cessna 185 y un Curtis que posteriormente fue robado en 1.968 siendo Orlando Sindoni. Jefe del Aeropuerto. Dos pilo­tos norteamericanos hicieron buena oferta a Marcelo y cuando salieron a probar el Curtis, despegaron con rumbo desconocido hasta ahora. Que se sepa, es el antecedente más lejano de la racha de robos y secuestros de avio­nes que ha venido ocurriendo última­mente.
A la Tanca de Marcelo, quien pereció trágicamente en Guaniamo, le siguie­ron otras empresas basadas en Ciudad Bolívar, entre ellas, Aeroven, registra­da por el Capitán Chaves que operaba con aviones Cessna 185, Dornier de fabricación alemana y D-18. Este Capitán, al cual le sucedieron sus her­manos en la empresa, se vio seriamen­te implicado en el atentado contra el Presidente de la República, Rómulo Betancourt. Se le acusaba de haber tra­ído desde Nicaragua en un avión Curtis de Ransa la bomba que a control remo­to fue disparada contra Betancourt en la avenida los Próceres de Caracas y en el que también estuvo implicado un hermano del historiador Horacio Cabrera Sifontes.
El Bachiller Noel Valery, quien había sido Gerente de  la Embotelladora Orinoco, fabricante de la Coca Cola, fundada por su Padre en el Paseo Orinoco, probó suerte más tarde metiéndose en el ramo comercial de la aeronáutica. Al efecto, fundó la empresa de aerotaxis COMERAVIA con aviones Cessna 185 y D-18 Y Dornier. Luego la tras­pasó al Capitán Rivas López, conocido como "El Abuelo" entre sus camaradas. Del capitán Reyes Muñóz, quien pere­ció trágicamente al despegar un avión Baron, en la pista de Puerto Ordaz; Tranaca, de la señora viuda de Dos Santos; Aerocaicara (1.988) de José de la Cruz García; Excursiones Canaima (1.980), de los Hermanos Jiménez, sólo para turistas; Ciaca, del ingeniero Manuel Silva Figueroa, tiene taller y escuela y tras la muerte de su fundador la regentan sus herederos; Saeta, de Humberto Salicetti, vendida a la Oriental de Aviación con base en Cumaná; Aerotuy, de Peter Boutton, opera desde 1.987. De esta empresa dedicada al turismo nacional depende el Campamento Antabare al noreste de la pista de Canaima; Aeroselva, empre­sa de Boris Valdivieso (1.989) y Convalles, la más recientes (1996) de Alberto Vallés Gutierrez.

MANTENIMIENTOY SEGURIDAD
Cuando usted llegaba al Aeropuerto "Tomás de Heres" se asombraba de la cantidad de aeronaves  que entraban y salían, que estaban paradas o en mantenimiento en los  talleres aeronáuticos existentes Operadores de la Torre comentaban en tertulia  que entre 11 mil y 12 mil oscilaba el número mensual  de operaciones de la Torre de Control entre salidas y entradas, controle de posiciones dentro del llamado T1N pues hay que tomar en cuenta que vuelos hacia el Sur provenientes de cualquier parte del país o de fuera son controlados de esta área terminal de Ciudad Bolívar.
         Por supuesto, tal número de operaciones no compensa la  capacidad de  funcionamientos del aeropuerto local traducida en falta de personal técnico y de mantenimiento, a la cual se agrega insuficiencia como la de Búsqueda  y Salvamento y del Cuerpo de Bomberos aeronáuticos.
         El Cuerpo de Bomberos está incapacitado  para atender con eficiencia y prontitud  casos de emergencia, generalmente porque no dispone de un stock de repuestos  y de un servicio de mantenimiento permanente  de los equipos.  Carece de ambulancia  por lo que debe acudir a los Bomberos Municipales  en casos de heridos o enfermos para transportarlos por vía aérea.
         El problema de mantenimientos y conservación general y en el mismo está involucrada la seguridad y la aeronavegación que subrayarían en el mejor de los casos, por ejemplo,  un buen sistema de balizaje, cabeceras de pistas despejadas, bien señaladas y rampas sólidas.

LAS PISTAS 06.24 Y 12:30
La Pista Principal, la 06.24 (1.800 metros), está en malas condiciones. Requiere de repavimentación, drenaje, pintura y señalización en la zona de contacto. El agua suele empozarse cuando llueve hasta cinco centímetros y el cono de aproximación se halla obs­taculizado por árboles boscosos. Es obvio lo importante que significa la conservación permanente de esta pista, toda vez que la alterna, vale decir, la 12:30 (1.200 metros), se halla cerrada desde hace treinta años porque autori­zaron o permitieron construir edificios en la zona de aproximación por una cabecera y, por la otra, porque el Cuartel Tomás de Heres o Fuerte Cayaurima prohíbe vuelos por encima de sus predios.

300 PISTAS OPERAN ILEGALMENTE

En a Estado Bolívar operan 300 pis­tas aeronáuticas, de las cuales 42 están legalmente autorizadas. Las restantes no lo están pero en ellas operan libremente los pilotos que cubren las rutas de la selva. Las empre­sas de aerotaxis que arriesgan sus uni­dades, lo hacen por el beneficio econó­mico que reporta el comercio de las minas, pero deben pagar una prima especial a las Aseguradoras, en previ­sión de accidentes, lo cual es factible dado que esas pistas no han sido auto­rizadas, precisamente, por no reunir el mínimo de seguridad.  

lunes, 7 de julio de 2014

LOS 80 AÑOS DE RAÚL VILLEGAS

(Entrevista hecha por Américo Fernández y publicada en el diario El Expreso el 3 de abril de 1988)



Raúl Villegas cumple 80 años. Nació en 1908, el 3 de abril, un día que nos recuerda al escritor norteamericano Washington Irving y al actor Marlon Brando, aunque de ellos no exhiba Raúl sino la voluntad, el impulso y espíritu creador, característica de los areanos.
Nació en Tumeremo cuando el presidente Cipriano Castro claudicaba en el Palacio de Misia Jacinta a causa de un riñón y en el Estado Bolívar, el hábil Francisco Linares Alcántara se iniciaba en la Gobernación que dejaría a fines del mismo año para convertirse en el Premier del hombre de la mulera.
Era el época del balata y el oro a cuyo comercio se dedicaba su padre el General Héctor Villegas, nieto de don Antonio Liccioni, que se tenía entonces como el corso más rico de Guayana.
La madre de Raúl era Pepita Ruiz, descendiente del médico José Angel Ruiz, presidente del Estado Bolívar en 1980-1892 y fundador del Hospital Ruiz en el edificio que hoy sirve de asiento a la municipalidad. Ella era casada con el general Héctor Villegas Liccioni, quien estuvo dos años preso en el Castillo de Puerto Cabello, por hacerle oposición a El Cabito desde las trincheras de la Guerra Libertadora que tuvo a Ciudad Bolívar como último baluarte.
De manera que nuestro entrevistado de la semana es de prosapia en lo político como en lo social y siguiendo ese camino se ha destacado como servidor público, dirigente gremial y productor agropecuario. Es como dice su coetáneo de toda la vida, Horacio Cabrera Sifonte, un llanero nato que ha sufrido muchos encontronazos, pero que jamás se ha caido. Siempre ha estado plantado como un roble y como un gallo de Navarra quiere morir, en la raya, con entereza y dignidad. Como decía don Fernando Virguez en los momentos críticos: Salvando la cabeza, carajo, aunque un rayo me parta...

INFANCIA EN EL YURUARY
-En Tumeremo, pueblo pequeño del Yuraury, de gente sana, que vivía de la explotación del balatá, el oro y la ganadería extensiva, transcurrió la infancia de Raúl Villegas Ruíz pues a los siete años lo reclamó la educación formal establecida en Ciudad Bolívar bajo la: receptoría de don Régulo Machado.
Pero su padre el General Villegas no lo quería mucho tiempo en el Colegio y a la edad de 13 años lo sacó para que se adiestrara en el duro oficio del llanero allá en su finca de Carrizalito, cerca de la Paragua y después en el Hato "Las Guadalupe" en El Tigre, donde ejerció la administración de la finca por espacio de cinco años. Luego fue Caracas y nuevamente Ciudad Bolívar para encargarse del Hato Cantarrana que siempre fue de la familia y que aún
permanece en sus manos, allí mismo en el Caroní, cerca del cual desde hace cinco años no ha podido invertir por prevención de la misma CVG.

EMPRESARIO SARRAPIERO
En 1930 tuve varios contratos para la recolección de la cosecha de sarrapia por la región de Soapure, Cuchivero, Guaniamo y Turiba. Esto duró hasta 1945 cuando un trabajador armado con una escopeta morocha me sacó de circulación. Ocurrió porque el Fiscal de la sarrapia que era un hombre alevoso me fue a buscar para someter al trabajador que había tenido un encontronazo con él. Al salir del campamento con el Fiscal, el trabajador que había seguido sus movimientos y acechaba, nos disparó. Siete guáimaros me atravesaron el pericardio, los riñones y el estómago. El Fiscal, igualmente, recibió lo suyo, pero murió en Caracas.
En cuanto a mí, superé la situación. Afortunadamente el Embajador de los Estados Unidos que disponía de un hidroavión para entonces, lo facilitó para sacarnos de la selva y trasladarnos de urgencia a Caracas.
Recobrada la salud y de vuelta a Ciudad Bolívar, monté un negocio en Mata Negra con José Carreño y firmamos un contrato de suministros con la empresa petrolera Standart. Seis meses duró este servicio y me vine para hacer una transacción con el Banco Agrícola y Pecuario por el Hato "El León" y "Las Queseras", en Upata. A los siete años en plena producción, Ángelo de la Torre se interesó por la finca y se la vendí para retomar las riendas del Hato Cantarrana.

LOS GANADEROS SE DIVIDEN POR EL CORDON ANTI-AF TOSO
-Raúl Villegas fue protagonista de la división de la Asociación de Ganaderos del Estado Bolívar. A ello se vio impulsado junto con otros productores por la terquedad de Antonio José Grimaldi, quien lideraba una corriente interna partidaria de la supresión del Cordón contra la Aftosa.
Bolívar era uno de los pocos estados de Venezuela libre de aftosa y los ganaderos deseaban que así se mantuvie­ra por la salud y conservación de la propia ganadería. Pero la corriente grimaldista sostenía que era una postura nada
favorable desde el punto de vista del desarrollo y economía ganaderos, pues permitía hacia afuera un fluido de cabezas superior al de ingreso por lo que era preferible convivir con aftosa manteniéndola a raya a fuerza de vacuna. La situación se agrió en forma tal que el resultado fue la escisión gremial. Grimaldi se quedó gestionando como Presidente la Asociación de Ganaderos, mientras sus opositores montaron tienda aparte con la creación de la Asociación de Criadores y Productores Rurales del Estado Bolívar. Ambas organizaciones paralelas subsisten y hay quienes le dan connotación política.
Ese año -1964- la nueva Asociación emergió con 170 ganaderos debidamente inscritos, pero de todas maneras la aftosa se metió a través de un contrabando de ganado por El Palmar. Raúl Villegas estuvo presidiéndola por el lapso de dos años y fue designado "Ganadero del Año" más tarde por la Federación Nacional de Ganaderos.
SIEMPRE DE LA MANO CON LOS MILITARES
-A Raúl Villegas no lo perturba el calificativo de Perez­jimenista por el hecho de haber sido, gracias a la amistad con su paisano el General Luis Felipe Llovera Paéz, Inspector de Minas en el Estado, siendo Barcelo Vidal Gobernador del Estado. Fue entonces cuando los mineros explotaron importantes bolsones de diamantes en las quebradas de Urimán. A decir de Raúl, época buena y sana. No había robos. Un comprador de diamantes se aventuraba con cuatro y cinco millones encima por esas selvas sin que nadie lo tocara. Desde entonces corre el cuento de que soy militarista. No lo niego, siempre he estado muy a la mano con los militares.

MANUEL ALFREDO ES COMO MI HIJO
-Manuel Alfredo, chico, es como mi hijo. Su padre Manuel Carrillo, distribuidor de los otrora famosos cigarrillos Bigott y Bandera Roja, era gran amigo y compadre y a través de ese lazo se quedó aferrado a mi afecto desde que era un chamo el grandote de Manuel Alfredo Rodríguez que no llega a Ciudad Bolívar sin visitar mi casa. Desde pequeño fue siempre como un hijo para mí y actual­mente uno de mis mejores amigos siguiendo la tradición paterna. Me llamó en estos días para despedirse, pues viajará a Rusia, donde pasará dos meses, invitado por los intelectuales moscovotas.

MERCADO PARA EL BARBASCO
Hubo una época en que el barbasco estuvo aquí de moda.  Régulo Espinetti le buscó mercado en Estados Unidos.  Yo me ocupaba de su recolección con los indios del Caura y logramos unas cuantas toneladas que exportamos siguiendo la misma línea comercial de la sarrapia.  Pero el negocio no fue duradero.  No sabemos para qué lo utilizaban en el Norte.  Tal vez debió ser para aprovechamiento de los alcaloides en la fabricación de fármacos .  Lo que si se es que aquí los indígenas y campesinos lo utilizaban para embarbascar peces de los ríos. Una práctica de pesca no recomendable  porque los efectos tóxicas de ese bejuco afecta sin discriminación la ictio-fauna.
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COLEADOR VITALICIO
Raúl Villegas es coleador de los tiempos en que las Mangas estaban en Los Morichales,  el Paseo San Antonio y El Hipódromo Viejo. Entonces no se coleaba como salen ahora en grupos hasta de siete jinetes detrás del toro. A lo sumo, eran tres los que se disputaban el  animal y los espectáculos no eran tan frecuentes como en  la actualidad sino en tiempos de efemérides y Fiestas Patronales.
Yo coleaba en los tiempos de Antonio Bello, Horacio Cabrera Sifontes, Carlos Amaya, Pedro Alejandro Vargas; Rafael Pulgar y Alberto Liccioni que era consecuente en la Manga, pero incapaz de revolcar un toro. Un día que un caballo muy bonito decidimos darle uno de cortesía que lo tumbará.  Nada, .yo tuve que ayudarlo y lo expulsaron de la manga. Esa vez tumbé dos toros, Alberto y otro que accidentalmente se había escapado del corral.

GALLERO DE LOS MEJORES HASTA QUE UN DIA
Raúl Villegas era un gallero esclarecido, dueño de uno de las mejores cuerdas de la ciudad. Traía gallina Navarra para mejorar la raza de los espueléricos, pues los gallos hispanos tienen fama de no rehuir la pelea y no siempre en la raya. Tenía su cuerda en el antiguo Conjunto con Pascual Contreras y Rafael Gómez. Genaro Salazar era el cuidador y entre los mejores jugadores estaban don Hilario Machado y sus hijos, los Gil, los Pulgar. Mi afición terminó el día en que "Lazo Abierto", con peleas ganadas, salió al saco con uno del comandante Adames. Mi gallo tenía una característica admirable  que cuando picaba se rebatía cuatro y hasta cinco y seguidas y en esa pelea picaba y se soltaba. Confundido y  sospechando lo peor salté al redondel y agarré mi gallo. Le examiné el pico y vi que estaba lleno de cebe.  El Comandante de la Policía evidentemente que de acuerdo con el juez de la Gallera le había engrasado la cabeza gallo.  Entonces leincrepé: "Mira, Carajo, so vagabundo". Entonces el hombre desenfundó su revólver y  se formó la sampablera. Afortunadamente las cosas no  pasaron de allí en ese momento, pero más tarde renuncié definitivamente a los gallos. Mi cuerda de 20 ejemplares me la llevé para Mata Negra y se la regale a Santos D' Escriván..

80 DE VIDA Y 40 DE CASADO

Raúl Villegas se casó a la edad de 40 años con Josefina Marten Brito, de madre carupanera y  padre de descendencia francesa. Tuvo la fortuna de encontrarse con la mujer ideal, fabulosa en  todo y de relevante sensibilidad social. Josefina canta, toca la guitarra.  Su hijo Noel,  diseñador y publicista, el único hijo del matrimonio, pero vino un día en que  renunció al taller de impresión y se fue a buscar oro en el lecho del río Caroní.  Está contento con él, Noel para él que es promesa y juventud, no hay para qué competir con él, especialmente cuando el resto del tiempo que le queda  debe ser dedicado al gran arte de vivir en el atardecer.